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Abriendo nuevas vías
 
Bienvenido a mi Blog.

He habilitado un buzón MI BUZN donde puedes dejar mensajes y comentarios de forma anónima. Te responderé en el tuyo, o mediante una cita.
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Si pasas por aquí a leer, te agradezco si dejas tu comentario. Si lo que dije, escribí, te gustó, te interesó, te hizo sentir algo, te llamó la atención o te dejo indiferente, o también si te aburrió, te disgustó, o molestó.
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-- Apareció -- [ a lo mejor (II) ] --
Posted:Oct 26, 2020 8:43 am
Last Updated:Oct 30, 2020 2:40 am
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-- Apareció -- [ a lo mejor (II ) ] --

¡Qué extraña relación! Si es que realmente se la podía llegar a llamar así. Digo extraña por imposible. Cómo sucede con muchas empezó de una de forma casual intercambiando comentarios en los respectivos blogs de una página de contactos. Aunque se presupone que los que se curioseamos por allí tenemos interés es tener una cita, un encuentro sexual, la dificultad de obtener una, los blogs y otras herramientas daban pie a otro tipo de relaciones cuando la distancia lo convertía casi en un imposible, o simplemente hacía coincidir a aquellos que solo tenían curiosidad por compartir con otros en una situación afín a la suya. Aunque luego resultara difícil dar con alguien en similar circunstancia dada la cantidad y lo disparejo de las situaciones de cada quien, pues había, y sigue habiendo, por allí solteros hedonistas, solteros desesperados, divorciados rehaciendo su vida, masturbadores compulsivos, cornudos despechados, hedonistas varios, quienes engañan a su pareja, o quienes buscan lo que su pareja no les da, buscadores de vicios perversos o simplemente curiosos, e incluso había quien creía que podría encontrar al amor de su vida. Y donde he dicho solteros, divorciados, casados y cornudos, etc. incluye por igual a solteras, divorciadas, casadas y cornudas, etc, si bien es cierto que entre los que engañaban a su pareja predominaban los del género masculino, como más de una me recordaba regularmente.

Casi sin quererlo nos habíamos convertido en lectores y comentaristas habituales de nuestros respectivos blogs, pese a ser de naturaleza muy distinta: curioso, humorístico, hasta introspectivo, pero siempre inteligente el suyo, y más fabulador el mío. Hasta tal punto que parecía que una publicación estaba huérfana hasta que no recibía el comentario del otro, unas veces interrogante, otras inquisidor, otras con una seductora doble intención... Esta era nuestra relación hasta que un día me agregó en un chat ajeno a la página que yo incluía, con poco éxito, como forma de contacto alternativa y comenzamos a hablar con regularidad, ahora sí en privado sin otros lectores adicionales como sucedía en los blogs. Aunque seguíamos leyéndonos y comentando en nuestros respectivos blogs, fue en estas conversaciones que tendían a alargarse donde descubrimos intereses comunes, una muy distintas formas de ser y enfrentar el mundo y las relaciones, y sobre todo aprendimos a conocernos, a tolerarnos y casi sin darnos cuenta también a desearnos. Nuestro nexo con la página hacía casi inevitable que curioseáramos y nos interrogáramos sobre nuestras preferencias y vida sexual, nuestras tribulaciones en la página con unos y con otras, y nuestras anhelos y expectativas, e incluso que a pesar de mi situación personal que ella no compartía, por despertar ese deseo mutuo que cada vez más habitualmente daba lugar a lúbricas conversaciones y excitación que cada quien debía apagar por su lado, hasta soñar con un momento en que poder hacer real uno de esos encuentros virtuales.

Sin embargo, por mucho que lo deseáramos, estábamos predestinados a no conocernos en persona, al menos en el corto o medio plazo, además del ancho océano que separa nuestros respectivos continentes y que ya nos limitaba las posibilidades de un posible encuentro, la situación personal de cada uno, obligaciones familiares en mi caso y profesionales en el suyo, hacía prácticamente imposible que alguno de los dos pudiera hacer un viaje que le acercara hasta el otro y permitiera esa cita tantas veces imaginada. A pesar de ello, quizás por la cercanía que nos daban nuestras charlas, vivíamos la ilusión de un encuentro imposible que recreábamos algunas noches.

- Hola, ¿Estás ocupada? - Era mi entrada habitual, dada la diferencia horaria no era raro que todavía siguiera trabajando cuando yo me quedaba solo y podía conectarme.
- Hola, apenas, ando terminando. Me das unos minutos.
- Claro. Háblame cuando termines, espero por aquí
Escribí, y encendí la televisión para entretener la espera hasta que sonara el aviso de llegada de su mensaje.

- Lista. Tengo que decirte algo.
- Dime. Con toda confianza y franqueza.
- Como siempre
Iba a contestar de inmediato, pero al ver como el chat indicaba que estaba escribiendo esperé a que terminara de aparecer su mensaje. Me extrañó porque tardaba más de lo habitual en ella, y al contrario que me pasaba a mí, siempre era muy rápida y directa en sus contestaciones. Por fin apareció el mensaje, mucho más corto de lo esperado por el tiempo.
- Estoy en Madrid
- ¿En Madrid? ¿En mi Madrid? - repliqué sorprendido e incrédulo
- Sí, en TU Madrid - contestó añadiendo una sonrisa muy grande al TU resaltado en mayúsculas, riéndose de mi posesivo
- No me habías dicho nada. ¿Acabas de llegar? ¿Cómo no me has avisado?
- No te quise decir nada. No sabía si ibas a poder quedar...si querrías verme...
- Pues claro que querría, querría y quiero verte.
- ¿Y si no podías?
- Ya sabes que si se quiere se puede sobre todo con tiempo
- No quería venir cargada de ilusión para luego desilusionarme. Ni yo misma sabía si de verdad quería verte
- ¿Y quieres?
- No te hubiera dicho que estoy aquí si no quisiera

Cuando abrió la puerta de su habitación, en penumbra e iluminada al contraluz por una pequeña lámpara, apenas pude distinguir su melena rubia y que llevaba puesto el albornoz del hotel. Enseguida dio dos pasos atrás para permitirme entrar y cerrar la puerta y su cara quedó iluminada, nada más cruzarse nuestras miradas esbozamos casi al unísono una sonrisa, una mezcla entre alegría y un "por fin",
- Hola - me dijo con la suave melodía de su dulce acento
- Qué gusto verte - dije yo, mientras estiraba mi mano buscando acariciar su cara, buscando reconfirmar que no era un sueño ni fruto de mi imaginación, y allí estábamos los dos.
Desde ese momento nos sobraron las palabras, y dejamos que hablaran nuestros cuerpos. Al sentir mis dedos en su mejilla, apretó su mano contra la mía, y llevó la otra mano hasta mi cara y nos fuimos acercando hasta unir nuestros labios. Se sucedieron, uno tras otro y sin parar, pequeños besos en los que al separarnos atrapábamos y saboreábamos los labios del otro para volver a unirnos, hasta que nos sellamos en un beso profundo, intenso, húmedo. Y al calor que llenaba mi cuerpo, vinieron a mi mente todas esas charlas en que como pirómanos nos hacíamos arder en deseo.

Desaté el cinturón de su albornoz y acariciando sus hombros lo empujé hasta dejarlo caer, y descubrir su cuerpo solo cubierto por la ligera tela de un camisón corto contra el que se marcaban sus pechos y sus pezones excitados. Enseguida yo estaba sin camisa, y sus manos buscaban bajo el pantalón el bulto que había sentido apretarse contra su cuerpo mientras nos besábamos. Dejé caer un tirante de su camisón hasta desnudar uno de sus pechos. Lo acariciaba, lo agarraba, sentía como se derretía en mi mano y volvía una y otra vez. Cuando su mano, agarrada firmemente y sin soltarla, sacó mi verga del pantalón me dijo: "Cuantas ganas tenía de sentirte en mi mano..." y nuestras bocas se buscaron de nuevo, y nuestras lenguas se retorcieron frenéticamente entre sí. Sentíamos el deseo del uno por el otro, la necesidad de sentir el contacto de la carne, el calor del otro cuerpo. Nos quitamos las prendas que todavía nos cubrían, y desnudos nos acercamos hacia la cama, pero antes tomó mi mano y la llevo entre sus piernas para que sintiera como su deseo y excitación se licuaba empapando mis dedos de sus jugos que escurrían. Le mostré mis dedos mojados y los llevé a mi boca, pero antes de que pudiera saborearlos me arrebató mi mano y los metió en la suya, y después con un profundo beso me regalo el sabor de sus jugos concentrado en su boca. Esa noche exploramos la geografía de nuestros cuerpos e inventamos y aprendimos cada ruta de nuestro placer, recorrimos cada rincón oculto y lo saboreamos, nos sentimos, nos acariciamos, nos agarramos, nos follamos y nos abrazamos, y nos mojamos el uno del otro. Registramos el deseo del otro y no nos detuvimos hasta convertirlo en gozo y placer, hasta creernos extasiados y buscarlo de nuevo, hasta convertir la imposible cita virtual en inevitable e inolvidable. Y única, algo que no sabía cuando llegué, porque al amanecer me confesó que ese mismo día tenía billete de vuelta.

Sería por lo escaso del encuentro, por lo intenso, o por lo efímero, pues no sabíamos si volveríamos a encontrarnos de nuevo en alguna otra ocasión, pero aquél ha pervivido de forma vívida en la memoria de ambos, en la mente y en la memoria de los sentidos, un momento único que revivimos de cuando en cuando en nuestras charlas virtuales mientras en silencio suplicamos al destino otra oportunidad.
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-- A lo mejor --
Posted:Oct 19, 2020 9:55 am
Last Updated:Oct 26, 2020 8:41 am
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-- A lo mejor --

Había subido uno de mis relatos que traía la inspiración importada de otra plataforma bloguera que frecuentaba en la cual solo tenía un perfil de reblogueador de imágenes, lo que traducido en este contexto fácilmente encajaría con un mirón o voyeur, sólo que haciendo discretamente público aquello que había atrapado mi mirada cuando curioseaba por í. Y curiosamente en ese entorno había surgido de forma espontánea, y en privado, un trueque regular de imágenes por relatos con un par de asiduas blogueras algunos de los cuales luego publicaba en mi blog de relatos. En cuanto se hizo público el nuevo relato, y como se había convertido habitual, ella acudió a la cita de la lectura y dejó un comentario. Un gesto que yo siempre agradecía, pues, aunque fuera en forma de pregunta, raro era que sus observaciones no aportaran algo a lo escrito y en ocasiones daba lugar a un intercambio de comentarios que, releídos después, incluso aparentaban ser una conversación inteligente. Al igual que yo leía y comentaba regularmente sus entradas en el blog, siempre que tuviera algo valioso que aportar pues para decir necedades y vacuidades ya me enseñó la vida que era mejor quedarse calladito, ella se había convertido en lectora habitual de las mías, siempre menos frecuentes y por lo general más alejadas de la realidad que las suyas, y raro era que no incluyera un agudo comentario. "Muy hermosa ella", fue el breve comentario a este último relato. Una de esas respuestas que yo percibía tan femeninas y tan subjetivas, aunque como en este caso pareciera una frase sencilla, que nunca era capaz de interpretar en su justa medida. Como a los malos delanteros, siempre me dejaba en fuera de juego y sin saber hacia dónde moverme porque irremediablemente anulaba la jugada y echaba todo a perder. Será por eso, por mi incapacidad para interpretar esas señales, las miradas, los gestos, una caída de ojos, un silencio, que siempre se me dio tan mal el juego de la seducción y todo lo interpretaba como evasivas o negativas. Me arriesgué a seguir la jugada y contesté con un requiebro con aires de seducción. Haciendo referencia a su foto de perfil y una de sus publicaciones más recientes repliqué: "Me falta contexto, ya que por aquí en tu rol de textoservidora básicamente disfrutamos de tu ingenio, pero no dudo que si sigo subiendo por esa espalda que apenas se adivina en tu foto descubriré que tú también lo eres". A lo que me replicó escuetamente: "A lo mejor". No supe que más decir en ese momento y solo pensé para mí, como dicen los comentaristas deportivos: de nuevo en posición adelantada y fuera de lugar.

Un par de días más tarde, me sorprendió con un mensaje privado a través de la vía alternativa que yo anunciaba en mi blog, y al que hasta entonces sólo había respondido una estafadora tiempo atrás. No la reconocí a primera vista, pues ni el nombre de usuario ni la foto de perfil, la cara de una preciosa mujer, permitían relacionarla, aunque tenía la corazonada de que sería ella. Respondí y muy directo le pregunté quién era, cuando me confirmo que era ella mi mente se alteró. No debería haber mucho motivo, pues la distancia que nos separaba, océano mediante, y las circunstancias que impedían acortarla hacían que esa relación no pudiera pasar de lo cibernético o virtual. Y sin embargo, la confianza y admiración inicial, comenzaba a transformarse en deseo, y a los instintos no puede uno negarlos. Se pueden controlar, puede uno no dejarse arrastrar por ellos, racionalizarlos y hacer prevalecer la razón, pero permanecerán y por mucho que los arrinconemos siempre estarán en el fondo de nuestra mente o corazón. Fue así como comenzamos a hablar con regularidad casi todas las noches, mis madrugadas y sus tardes, de lo divino y de lo humano. Sin embargo, a pesar de esas largas charlas, y la confianza y amistad que se fraguaba entre los dos, o probablemente por eso, por no dañar la hermosa amistad que crecía, no me atrevía a confesarle lo que mis instintos me hacían sentir. Una extraña sensación al hablar con alguien de la página, pues si de algo pecaba los pocos contactos que permitía hacer era precisamente la facilidad para ser honesto y declarar abiertamente los gustos, preferencias, deseos e intenciones, más allá de una imprescindible interesante conversación. En cambio, ella si fue capaz de comprender y leer mis silencios, las palabras dichas y las que forzaba a ocultarse, y fue ella la que poco a poco me fue extrayendo la información que ocultaba, o mejor dicho no me atrevía a mostrar directamente, me fue dirigiendo hasta un camino donde la única salida era confesar lo que ya era obvio y patente para ambos, y entonces abrió sesiones alternativas cargadas de segundas intenciones, y luego muy directas palabras de deseo mutuo, noches húmedas e interminables que contra nuestra voluntad teníamos que interrumpir en momentos de máxima satisfacción para regalarnos un rato de sueño.

Surgió la sorpresa cuando meses más tarde me comentó que sus clientes pretendían ampliar el negocio que estaban arrancando en Europa, y le habían pedido que viajará hasta acá para negociar con el socio local. Me ofrecí a ser su guía en mi ciudad en el poco tiempo que tuviera libre, e incluso ser su chófer particular al aterrizar en la ciudad. Llegó el día, desde temprano esperaba con paciencia el descenso de todos los vuelos, hasta que las puertas empezaron a escupir turistas que volvían a su rutina, y turistas que iniciaban su periplo por la madre patria y el viejo continente. Al salir por la puerta de llegadas la reconocí en seguida, más hermosa que en las fotos que me había compartido. En un guiño cómplice, la llamé por su seudónimo de la página y saludé con la mano. Sonrió y arrastrando la maleta llegó hasta mí. La tomé por la cintura para acercarme a ella y besarla en la mejilla. Se dejó arrastrar hasta pegarse a mí, sentí el roce de sus pechos contra mi pecho, una pequeña chispa comparada con la electrizante respuesta cuando de vuelta me besó en la boca y mientras se apretaban y sellaban nuestros labios, las lenguas se enredaban como serpientes en celo. Cuando paramos a respirar solo dijo: "Llevo esperando mucho este momento. Vamos a mi hotel"
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-- Mi collar --
Posted:Oct 15, 2020 1:23 am
Last Updated:Oct 18, 2020 5:05 am
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-- Mi collar --

Nada más verme, cuando le abrí la puerta, supo que estaba necesitada de sentirme suya, no me bastaba con entregarme y sentirme deseada, necesitaba una sensación más intensa, más fuerte, tenía que ser un verdadero sentimiento de posesión, de propiedad, de tal forma que sabiendo que era suya podía hacer conmigo lo que quisiera, pero a la vez, porque era suya, debía procurarme y cuidarme, con ese cuidado que solo pone una con sus cosas, y en particular en las cosas más queridas y deseadas, su posesión más preciada. Y no, no es que quisiera sentirme una cosa, un objeto, todo lo contrario, quería y necesitaba sentirme más mujer que nunca.

Y no fue que supo que tenía que ser tan suya porque le regalara la mejor de mis sonrisas, que también lo hice, una sonrisa que como él me dice me ilumina todo el rostro e incluso todo a mi alrededor. Ni por el conjunto que después del baño había elegido para esa tarde, uno de esos que tanto me gustan, lo compré porque resaltaba mi figura, y aparentemente no muestra nada pero lo insinúa todo, pura sensualidad y provocación que enseguida noté atraía sin remedio su mirada aunque se esforzara inútilmente en que no se le notara. Tampoco fue porque nada más abrir la puerta quedara sutilmente embriagado con mi perfume, el mismo que usaba la primera vez que nos encontramos y me siempre me cuenta le recuerda a mí y le fuerza a buscarme alrededor cada vez que el aroma se cruza en su camino. Fue ese otro detalle, mi pequeño fetiche, que tantas veces había visto en mis fotos pero que nunca antes hasta ese día me había puesto para nadie: mi collar de cuero de sumisa.

Una vez, todavía con el cuerpo agitado y mientras yacíamos desnudos y abrazados sudorosos, o quizás el uno sobre otro, me preguntó por el collar y le conté mi fantasía de sentirme la más preciada posesión, y como cuando me lo ponía, y me masturbaba con él puesto, mis orgasmos eran más intensos que nunca. "Me gustaría vértelo puesto un día", me dijo. "Si ya sabes cómo me queda, me has visto en las fotos", le conteste guiñando un ojo, "Qué mala", me dijo, "No es lo mismo. Nunca te pido nada". Me quedé pensativa unos segundos y le contesté: "Me lo pensaré. Pero te lo tienes que ganar", y fruncí los labios en un beso que detuve con mi dedo. No volvimos a hablar sobre ello, siempre tan discreto no volvió a preguntar, aunque después de ese día me volvió a ver con él en algunas fotos.

En el instante que lo vio su dedo corrió a engancharse en la argolla de la garganta y tiro de mí hacía él. Sentí como el collar se apretaba en mi cuello y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Lo sentí dueño mí, y yo me sentí suya. Al instante pudo sentir como se erizaba toda mi piel, incluso como si de un acto reflejo se tratara noté como se mojaban mis braguitas. No había imaginado como iba a reaccionar al verme con el collar, y pensé que quizás lo viera solo como un complemento morboso que realzaría el estilo de mi conjunto, por lo que su reacción me produjo una descarga de adrenalina y deseo que por inesperada resultó mucho más intensa. Me dejé arrastrar por el tirón hasta que sentí mis pechos apretarse contra su cuerpo, y quedaron pegados nuestros cuerpos. Sus manos levantaron mi cara hasta que nuestras miradas se cruzaron. "¿Eres mía esta noche?", pregunto. "Toda tuya", le contesté con casi susurrando e inmediatamente sentí sus labios mordisqueando mis labios, y mi boca violada por su lengua. Su excitación corría paralela a la mía, y podía sentir su erección creciendo bajo el pantalón mientras profanaba mi boca, y solo se detuvo para decirme: "Llévame a tu cama; y no digas nada" apoyando su dedo índice en mis labios. Conducirnos a los dos hasta mi habitación fue mi último gesto activo, y aquellas las últimas palabras que intercambiamos conscientemente antes de entrar en mi habitación.

Cuando me tumbó en la cama, enseguida sentí sus manos deslizándose por mis piernas arrastrando mis braguitas, y al pensar que iba a empezar a jugar con mi coñito que ya sentía mojado me equivoqué, sin embargo, llevó mis brazos sobre mi cabeza, y sentí la humedad de mis braguitas en torno a mis muñecas cuando las enredó para atar mis brazos. Se hizo dueño de mi cuerpo que recorrió de una y mil maneras, con sus manos, con sus labios, con su boca, me sentí acariciar, manosear, lamer, chupar, me sentí devorada, y cada nueva sensación elevaba mi excitación; fue dueño de mi boca, de mi cuello, de mis pechos, mis tetas, mis pezones fosilizados, mi vientre y mi piel erizada, mis piernas y mis nalgas recorridas y atrapadas entre sus manos, o mi coño atrapado en su boca derramando mi néctar. Cuando se movía en torno a mi notaba su verga firme como un mástil cuando se frotaba contra mi cuerpo, o cuando tiró del collar hasta que llenó mi boca de verga. Y yo me dejaba hacer, y mi cuerpo vibraba con cada nueva sensación, me sentía sobreexcitada, como si una suave corriente de miniorgasmos recorrieran mi cuerpo, y sentía los jugos de mi coño resbalando por mis piernas. Y me sentí estallar de gozo cuando sacó de mi mesilla mi joya, mi as de picas, y después de humedecerlo con los jugos de mi coño abrió mis nalgas para ensartarlo en mi culo. Sobreexcitada como estaba, no sentí llegar el momento en que se puso tras de mí y sentí como su polla abría los labios de mi coño y se deslizaba dentro de mí, un primer gemido se ahogó en mi garganta cuando a la vez que su polla me penetraba entera su mano agarró y tiró del collar como si tomara impulso, solo para estallar en un gemido más intenso cuando la sentí toda dentro de mí. El gesto se repitió hasta que sin fuerzas para emitir tan siquiera un suspiro mi cuerpo se derrumbó sobre la cama, tembloroso y movido solo por pequeñas sacudidas que como corrientes eléctricas relampagueaban irradiando desde mi coño chorreante hacia el resto de mi cuerpo, y que todavía hoy erizan mi piel al recordarlo.

Desde aquella noche no he vuelto a ponerme el collar de cuero, ni tan siquiera para hacerme fotos con él, y no hemos hablado ni sobre aquella noche ni sobre el collar, rompería la magia de aquel momento. Sin embargo, esta noche cuando entre por la puerta y descubra el collar en mi cuello reviviremos aumentadas las mismas sensaciones.
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-- Otoño escrito en la piel --
Posted:Oct 4, 2020 4:28 pm
Last Updated:Oct 7, 2020 12:48 am
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-- Otoño escrito en la piel --

Te miro y me pregunto, trato de comprender, porque dices que tienes el otoño escrito en la piel.

Será por el color. Otoño sinónimo de colores tostados, ocres, bronces, una infinita gama.
como el tono dorado de tu piel expuesta al sol, que después del verano contrasta con la palidez de tus pechos o tus nalgas. O como sobre esa palidez resaltan en color bronce tus pezones. O será porque como los frutos secos de este tiempo, castañas, nueces, avellanas, destacan por sus colores, su forma, su sabor, tus pezones me invitan a sentirlos en mis manos y luego en mi boca. Piel de otoño porque como los arboles desnudos, despojados de sus hojas, en tu desnudez muestras toda tu esencia, sin artificios, solo la hermosura natural de tu cuerpo, esencia y fuerza de mujer, esencia y sentimiento, frágil pero a la vez resistente, y sensible, deseando que las manos adecuadas capaces de descifrar tu parte más sensible hagan brotar la savia que circula en ti.

O será por el tiempo, porque es una estación que invita a pasear y luego a intimar. A sentir el frescor del viento que desnuda a los árboles arrancándoles sus últimas hojas, buscar un sol que ya no abrasa o incluso se opaca entre entre la bruma, o un cielo encapotado de nubes grises y oscuras que traen una lluvia constante. Y después del paseo, encerrarse al calor del hogar y acurrucarse bajo una manta, juntar los cuerpos, sentir el calor mutuo, e ir descubriendo el roce de tu piel en mis dedos.

Y bajo el calor de la manta, donde ahora sobra la ropa, dejarse y quererse despojar de todas las prendas hasta quedar desnudos. Sentir el calor del roce de la piel, y dejarse llevar por el fuego interior que se enciende y se aviva cuando los cuerpos se abrazan, se enredan y se confunden. Se encienden intensamente tus labios, tus pezones, que llaman y piden besos de mi boca. Y sientes como a tu contacto mi cuerpo se transforma y te busca, sientes ese apéndice antes un fruto blando y flexible, muta y se convierte en un tallo grueso, un tronco firme y poderoso que se aprieta contra ti, y que deseas dentro de ti. Y dejar arder ese incendio que solo se sofoca cuando los cuerpos estallan como un volcán y su lava es el néctar que derraman desde su interior, mojándose el uno al otro, y empapados en gozo y sudor quedan pegados el uno al otro.

Lo que sí sé con certeza es que el otoño siempre ha sido mi estación favorita. Y ahora tengo una razón más para que lo sea, una razón más para encapricharme con tu piel, con todo tu cuerpo. Para desear sentirla en mis dedos, sentirla contra mi piel, contra mis labios, recorrer todos sus rincones y recovecos, saborearla, paladearla, hasta hacerte sentir sensaciones que nunca tuviste y nunca hubieras imaginado.
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-- Principio de Todo --
Posted:Sep 28, 2020 1:33 am
Last Updated:Oct 6, 2020 1:36 am
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-- Principio de Todo --

Hay momentos en que una caricia es el principio de todo. Una caricia en la que se siente la realidad de cada uno.

Mis ojos no capaces de verlo todavía pero al deslizar por tu pecho mis dedos ya siento como se eriza tu piel y ese cambio desata una emoción que se inicia con un pequeño sobresalto en el rítmico latir en mi pecho y vuelve mis dedos temblorosos, como la primera vez.

Bajaba desde tu hombro, guiado por la línea del tirante, atraído por la curva que comenzaba a dibujar el encaje, ahí donde alguien dijo que nace la trigonometría y la sensual tersura del llano olvida su ser, se ondula y deviene en voluptuosos cerros. Es ahí donde ya revelan una naturaleza diferente, maleable, voluble, elástica, aunque ahora ceñidos y sometidos por el encaje, se deforman y adaptan a la suave presión de la caricia de mis dedos, para retornar a su ser en cuento se sienten libres. Al sentirse hundir bajo las yemas de mis dedos, se notan buscados y deseados, los poros de la piel se cierran, se levantan de puntillas, se aprietan unos contra otros para sentir aún más la caricia. Esta naciente emoción tanto tiempo esperada en ti, en mi, por ti, por mi, pide más, es una llamada, y mis dedos buscan debajo del encaje, lo empujan hasta liberar tu pezoncito. Siento su rugosidad, su firmeza, lo acaricio entre mis dedos, lo pellizco, lo chupo, lo mordisqueo...

Mi mano se posa en tu vientre, el de una mujer de verdad, de las que vive y siente. Ahora, agitada por la emoción, despertado el deseo, eres consciente de que esa caricia era solo un principio, ya no puedes esperar y hay otros dedos, los tuyos, que ya buscan entre tus piernas...
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-- Sin Palabras --
Posted:Sep 21, 2020 4:07 am
Last Updated:Oct 2, 2020 6:37 am
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-- Sin Palabras --

Busco sin encontrar en el diccionario porque estoy nublado por la emoción, nublado y cautivo, y aunque recorro las palabras no penetran, no hacen mella, y pareciera que rebotaran como frágiles flechas contra la pétrea defensa de un alcázar inexpugnable. No es una niebla gris y brumosa la que cubre mi mente y me impide ir más allá, es una imagen, tu imagen, radiante y luminosa, como una aparición llena de luz, la aparición no de una virgen sino una diosa pagana que opaca el resto del mundo y merece y reclama toda la atención.

Imagen que llama a la contemplación, como en un cuadro, para descubrir y deleitarse con cada detalle, el brillo de los ojos, la intensidad de la mirada que puedo sentir como me alcanza, el gesto en el rostro que dibuja una sonrisa en los labios, una sonrisa que unas veces descubre uno como alegre, y otras se describe ella sola como pícara, la sensualidad de las prendas que aun oponiendo resistencia se van perdiendo y liberan el cuerpo, la tersura y palidez de los pechos esculpidos por un genio solo perturbada por oscurecidos remates. Un gesto en escorzo que aparenta ser paciente, pero que se ofrece y reclama a la vez, y llama a la acción. Desde la intensidad de la mirada puedo sentir como me alcanza y me desnuda: Aquí estoy, me dice, y no pide palabras pide atención, atención para todo el cuerpo. Pide ser mirado, admirado y deseado. Pide caricias para la piel, besos para los labios, pasión y deseo. Y yo lo admiro y lo deseo.

Dicen que las leonas no tienen melena, pero yo me rindo a esta leona de melena de plata que con su mirada me solicita, que avanza felina sobre mí, se ofrece y me reclama para sí. Y ya siento como ese cuerpo, tu cuerpo, se inclina sobre mí y reclama su parte. Desaparece la sonrisa cuando fundimos los labios en un beso húmedo e intenso que pone a retozar a nuestras lenguas, y antes de acudir a aliviar el calor que va llenando tu cuerpo y despojarte de toda prenda, mis manos se acomodan voluptuosas sobre tus pechos que siento gravitar sobre mi pecho contra el que se rozan de forma irregular, abusan groseras de su gravidez, pretenden moldearlos con lascivia y quedan embriagadas de su sensual voluptuosidad cuando su voluble y elástica naturaleza los retorna a su ser natural antes de recibir otro lujurioso embate. Sin embargo, a pesar de esa rudeza, entre mis dedos percibo con delicadeza como tu piel contrae los poros y se va erizando, se hace más sensible, y esa absurda contradicción que petrifica tus pezones para coronar y alcanzar una cumbre de sensibilidad extrema.

Encendida de deseo y desprendida de toda la ropa, desde tu posición dominante eres la dueña de tu placer, eres la tentación, la Eva que tienta a la serpiente que te lleve al pecado del gozo y no al castigo del pecado original. La serpiente, mi deseo, se ha convertido en erección sobre la que te frotas y aprietas haciéndome notar tu humedad, contra la que se entreabren tus labios y dejas un rastro de humedad sobre el que se deslizaran varias veces. Tus caderas marcan el compás y dirigen el movimiento, un vaivén suave y alargado para tomar posesión de mi erección, hacerla cada vez más firme y poderosa, y sentirla en toda su extensión en cada rincón entre tus piernas, de extremo a extremo, elevando la tensión del gozo que te ha de llevar al éxtasis.

Percibes la transformación del placer, una metamorfosis magmática y selectiva que nace en tu interior y halla puntos calientes, los más sensibles, donde aflora volcánica. Sientes como el calor que se concentra dentro de ti, bajo tu vientre, recorre tu cuerpo brotando: enciende tus labios y mejillas, inflama tus pechos y tiñe los pezones de oscuro xocolatl que llevas a mi boca para alimentar mi lascivia, y te dejas devorar para avivar aún más tu placer magmático. Contrae la piel y sus infinitos poros que a su vez dejan un rastro de gotas de rocío. Y llega hasta tu cerebro que ya solo se abre a las conexiones del placer y las sensaciones más intensas, las que se ocultan en el quehacer del día a día para que podamos sobrevivir en la jungla de la vida. Y entre tus piernas, antes casi oculto, hace florecer en tu pubis una orquídea que abre sus pétalos y levanta erguida una columna inflamada de deseo, llena de color y calor, destila en su interior tu néctar más dulce que rezuma y lo hace brillar.

Diosa, reina, ama y señora dirigiendo a tu antojo y placer, sobre todo placer, al calor del movimiento marcado por tu compás, igual que una amazona se acopla en su montura, te abres para dejarte atravesar hasta llenarte de verga y de gozo. Como la amazona, avanzas alternando el paso, con el trote, o un andante ligero, y cada embate te abre un poco más, rasga un invisible manto protector y libera tu sensibilidad descarnada en capas de placer que sientes como transmiten sus señales en olas por tu espalda cada vez más intensas hasta perder el control y desembocar en un poderoso tsunami, un maremoto de incontrolables olas que agitan tu cuerpo, lo revuelven hasta quedar casi inconsciente aunque todavía al rojo, alterado y palpitante, empapado por el néctar derramado y el rocío que cubre la piel.
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-- ¿Me ayudas? --
Posted:Sep 14, 2020 9:48 am
Last Updated:Oct 4, 2020 4:23 pm
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-- ¿Me ayudas? --

Así decía tu mensaje. ¿De veras es una pregunta? Lo tomo como una invitación, porque bien sabes que no hay duda en mi respuesta, y acudo presuroso a tu llamada de auxilio, de necesidad que siento urgente, pues a esta hora deberías estar paseando y conociendo la ciudad. Llego sin avisar, en primer lugar, porque ocupada como te supongo no podrás responderme, o te interrumpiría tan delicioso momento. Además, sabiendo que podías contar conmigo, la primera noche me diste la segunda llave de la habitación para que si nada me lo impedía, como ahora, acudiera en cualquier momento.

Abro la puerta. Estás concentrada en ti misma y no me sientes entrar.
Has dejado la habitación a media luz, y los rayos de sol que se cuelan por las rendijas de la ventana me llevan directamente a ti, a tu cuerpo sobre la cama iluminado en un juego de luces y sombras. Completamente desnuda, tu ropa revuelta sin orden entre la silla y el suelo, delata la urgencia del momento: me necesitabas pero no podías esperar, y no me esperas. Tus piernas, ligeramente levantadas y entreabiertas acogen tu mano, que frota tu coñito con pasión deslizando entre los labios el dedo corazón dentro de ti. Tu llamada ya me había alterado, pero tu visión ha despertado violentamente a mi cuerpo que se revela abultado y apretado bajo el pantalón, y se siente prisionero. Antes de llegar hasta tíi me libero y me desnudo deprisa, sin hacer ruido, procurando que todavía no sientas mi presencia. Al llegar hasta los pies de la cama creo ver que estás con los ojos cerrados. Como el comandante de un submarino con mi propio periscopio, fijo mi objetivo antes de la inmersión, y me sitúo frente a tus piernas, entre tus piernas. Entonces me deslizo por la cama hacia ti.

La inesperada perturbación al acercarme, te desasosiega, te sobresalta e interrumpe, pero enseguida mis manos te alcanzan y se abrazan a tus piernas. No puedo ver tu cara, pero si siento tu cuerpo, un primer acto reflejo de sorpresa, casi de susto, un gesto de protección tratando de cerrar las piernas que ha dado paso a tus manos corriendo a agarrarse a las mías cuando al instante has reconocido que solo yo podía agarrarte de esa forma. Entonces entreabriendo de nuevo las piernas, tus manos atraen mi cabeza hacía ti hasta sentir mi aliento y el roce de mi barba sobre tu piel, mi boca sobre tu coñito, y acompañado de un leve gemido has susurrado: "ayúdame". No digo nada, pero entiendes mi respuesta cuando sientes mi rostro apretado en tu entrepierna y el calor de mi boca alrededor de tu coño. Donde antes tu dedo intentaba calmar tu deseo, tu necesidad, sientes ahora mi lengua, deslizándose entre los labios y penetrando dentro de ti. Fruto de tus juegos de manos previos tu coño está muy caliente y húmedo, y siento como se me acelera el pulso, y un impulso cuasi eléctrico por todo mi cuerpo que hace más firme todavía mi sexo, cuando me inundo de tu aroma y sabor más íntimo.

Mis manos se agarran a tus piernas, recorren tus muslos, mientras te devoro con frenesí. Porque de la misma forma que tu necesitas sentir vibrar tu cuerpo a mi contacto, yo necesito llenarme de ti, sentir que tu cuerpo es mío, necesito que te derritas en mi boca, que derrames sobre mí todos tus jugos hasta sentir tu cuerpo palpitar, agitándose, estremeciéndose. Y en ese juego, mi boca va alternando y repitiendo sin un orden previsto, solo guiado por el instinto y la respuesta de tu cuerpo: Se acopla a ti, alrededor de tu vulva, y te sientes perder dentro de mi boca, te atraigo dentro de mí, succionando, sintiendo la carnosidad de tus labios hinchados dentro de mi boca, como si pudiera arrancarlos y tragarlos. Todavía atrapada, te sientes abrir de par en par cuando mi lengua presiona entre tus labios que se abren para recibirla y atraerla dentro. Te sientes acariciar por dentro y sientes como fluyen los jugos que emanan dentro de ti. Libero luego tu coño de la presión del acoplamiento y lo recorro con mi lengua. Lamiendo y chupando, desde tu culito, sientes como toda mi lengua se pega a ti como si fueras el helado más sabroso, deslizándose entre tus labios, apretándose contra ti, no te puedes contener y se derraman tus jugos que se mezclan con mi saliva e impregnan mi lengua. Hasta alcanzar tu clítoris que rodeo con mi lengua en lúbricos círculos, hinchado e inflamado, ha escapado de su escondite y lo atrapo entre mis labios, lo chupo, lo succiono, lo lamo, y en su firmeza siento agitar todo tu cuerpo. mientras tus jugos escurren por tus piernas. Y como si besaran tu boca, vuelven mis labios a apretarse contra los labios de tu coño, los mordisqueo, deslizo mi lengua alrededor de ellos, sobre ellos, dentro de ti. Todo en un ciclo desordenado, cada vez más intenso, que solo tendrá fin cuando una incontenible ola de placer se irradie a todo tu cuerpo, y la vibración de tu clítoris, y las palpitaciones que salen desde dentro de ti, conquisten el resto de tu cuerpo hasta que tu mente quede ciega al mundo exterior y solo sea capaz de sentir el placer que estremece tu cuerpo. Y tus manos que al principio presionaban mi cara entre tus piernas, y luego agarraban tus tetas que sentías firmes y apretadas, se agarran a las sábanas con desesperación mientras todo tu cuerpo se estremece y palpita en su estallido de placer, hasta caer exhausto, sudoroso y rendido al placer.

Mientras beso tus labios, acaricio tu cuerpo derrotado por el placer, tus mejillas encendidas, tus pechos inflamados que se elevan en cada inspiración de tu respirar profundo, todavía agitado, tu piel erizada, brillante, todavía transpirando, y en tus venas siento todavía el pulso acelerado. Al llegar a tu coñito, todavía palpitante, mis dedos se empapan de tus jugos y goteando los llevo a tus labios. Abres tu boca nada más sentir la humedad sobre tus labios y comienzas a chuparlos, despacio pero muy intensamente, los saboreas, y sientes el sabor de tu cuerpo que tanto me excita. Tu coñito, todavía no saciado, necesita sentirme dentro de ti, necesita mi verga que excitada y firme también se impacienta por tí. Todavía saboreando mis dedos en tu boca, cuando sientes la presión de mi verga contra tu coñito pidiendo paso, se abren los labios de tu coño como una flor y sobre el mar de tus jugos se desliza hasta que desaparece dentro de ti, llenándote toda...
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-- Ganas de Jugar --
Posted:Sep 7, 2020 2:56 am
Last Updated:Sep 7, 2020 3:46 pm
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-- Ganas de Jugar --

Descansada, liviana, serena, relajada, hasta liberada podría decir, así me he despertado hoy. Será lo reparador del sueño tras un cansancio intenso. Tan agotada caí ayer en la cama que hasta renuncié a mi sagrado baño, el que me limpia, me refresca, y me permite dibujar una frontera entre la vida mundana que queda tras la puerta principal y mi yo más íntimo, apenas si alcancé a arrastrarme hasta el dormitorio, dejar a un lado la ropa que cada mañana escojo con ilusión y espíritu coqueto, y en ese momento sentía me atrapaba y ataba a lo mundano como una camisa de fuerza, y sin camisón ni pijama alguno, desnuda, sentí la caricia de las sábanas mientras me deslizaba en la cama hasta quedar dormida antes de haberme estirado del todo.

Yo que soy una soñadora empedernida, y a veces me pregunto si ese maravilloso mundo onírico en que me sumerjo cada noche será la causa por la que luego me cuesta tanto navegar en la vida terrenal y encontrar gente que realmente merezca la pena, hoy no recordaba ningún sueño. He revisado mi libreta de sueños en la mesilla, para leer lo que hubiera anotado en mitad de la noche pero la hoja, pero como mi recuerdo estaba en blanco.

Tan profundo y blanco ha sido el sueño que ir despertando ha sido un proceso especialmente lento, parsimonioso y gradual, lleno de paz, de absoluta tranquilidad, abriendo lentamente mi mente a la consciencia y sintiendo muy poco a poco la gravedad de mi cuerpo, tanto que me sentía flotar entre las sábanas. En esa profunda placidez, cuando he sido consciente de mi cuerpo, de mi desnudez solo cubierta por las sábanas, he buscado a mi lado. Uno de esos días en que echas de menos no amanecer acompañada por alguien delicioso, porque necesitaba compartir este amanecer, mi estado mental, este limbo particular, y llenar mi cuerpo desnudo, recién descubierto y abierto a sensaciones desconocidas, de deseo y carnalidad, hasta llevarlo a un éxtasis entre espiritual y lúbrico. Y no, no me servía llamar a nadie que viniera de fuera a romper esta maravillosa burbuja que voy a hacer durar todo el día.

Sola pero dentro de mi burbuja, camino ahora descalza y desnuda por la casa, vestida únicamente con mi collar de perlas que rueda sobre mi piel sin terminar de acomodarse entre mis pechos mientras camino. Me siento caprichosa, con ganas y necesidad de sentirme, de jugar conmigo. Abro el balcón de par en par, y una fresca brisa, que hace bailar el collar, me envuelve y acaricia mi cuerpo desnudo erizando mi piel al instante, cierro los ojos y espero a que los rayos de sol me atemperen de nuevo. He acercando el sillón frente al balcón abierto para que el sol bañe mi cuerpo, y me he sentado a leer tus relatos con un Chupa-Chups de fresa en la boca, no hay mejor sabor. Me dejo llevar por tus fantasías y así, como sé que lo deseas, las he hecho mías, me he convertido en la protagonista, he asumido tu narración y se van convirtiendo en mis recuerdos revividos, como si fuera un sueño de cosas pasadas.

Cuando la boca de la protagonista, mi boca, se enreda en un intenso y profundo beso, no puedo evitar que mis labios y mi boca, y mi lengua, se recreen con el Chupa-Chups, lo relamo y saboreo, y me llega el recuerdo del sabor de tu boca. Ahora tus manos recorren los pechos de la protagonista, yo, y tus dedos tropiezan con mis pezones duros y excitados, enrollo el collar en torno a mis tetas, y siento un centenar de dedos acariciándome y excitándome cuando arrastro las cuentas, cada perla, sobre mis pezones. Me deleito con el Chupa-Chups cuando revivo el recuerdo de tu verga en mi boca, y con mi lengua moldeo la redondez de su cabeza, y la saboreo y la chupo con frenesí. No sabe a fresa, me sabe a ti, y a mi. Hago girar el caramelo entre mis labios antes de introducirlo entero en mi boca y rodearlo y empaparlo de saliva con mi lengua, y acaricio mi coño con él e impregnado de mis jugos lo llevo de nuevo a mi boca. Fresa...y yo...y tú . Pero es mi collar de perlas el que me colmará de sensaciones, cuando lo deslizo entre mis piernas, sobre los labios de mi coño, cuando revivo, yo protagonista, que el control de mi coño está a merced de tu boca y tu lengua, y tus dedos, y derrama sus jugos sobre tu boca hasta sentirlo estallar en un gozoso y palpitante júbilo. Entonces voy empujando y deslizando una a una todas las perlas dentro de mi, sintiendo como llenan mi coño, y también mi culito, cada vez que empujo y entra otra perla siento como se reacomodan todas dentro de mi, como cuando siento el vaivén de tu verga acariciándome por dentro en su ir y venir. Aprieto mis piernas, y las cuentas de perlas se alborotan y se aprietan dentro de mi, haciendo palpitar mi coñito, y siento mi piel erizada, la boca reseca... Y vuelvo a sentir el golpe, la caricia, de cada perla, cuando tiro del collar y se amontonan en la salida empapadas de mis jugos, y las froto y envuelvo sobre mi clítoris que reluce inflamado bajo el sol hasta que no aguanto más y es mi mano, mis dedos, la que se aprieta con rápidos movimientos hasta que todo mi cuerpo se estremece presa de incontrolables sacudidas, vibraciones y palpitaciones que me agitan en repetitivas oleadas, como un interminable tsunami.

Extasiada y agotada, pero protegida en este día burbuja, acariciada por los rayos de sol, me dejaré llevar de nuevo al mundo de los sueños, está vez sí soñando, soñando con mi cuerpo entregado a ti, y despertaré empapada, empapada de deseo, y volveré a ser la protagonista de tus relatos y del placer de mi cuerpo.
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-- Armado (de palabras) --
Posted:Aug 26, 2020 4:09 am
Last Updated:Aug 28, 2020 3:36 am
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-- Armado (de palabras) --

Me habías convertido en adicta a tus palabras. Me derretía con tus historias.

No soy capaz de recordar cómo empezaste a enviármelas, tampoco me has dicho nunca por qué, aunque prefiero conservar la magia de ese misterio. Todo comenzó con un breve comentario que dio pie a una charla entre dos desconocidos, cortés y educada, siempre te has portado como un caballero y de no ser así no te hubiera seguido respondiendo, pero manteniendo la distancia, que se fue repitiendo en días sucesivos, mientras yo seguía luchando contra el nuevo puritanismo que había adueñado de la página y me bloqueaba sistemáticamente mis fotos.

Ni siquiera recuerdo ahora mismo tu primer texto y qué lo provocó, sólo que era breve, galante y seductor, lo que se salía del ámbito de la charla que habíamos tenido hasta ese momento. Supongo que en un momento de rabia, en que necesitaba desahogarme con alguien que conociera el contexto, te enviaría alguna de las fotos que me estaban censurando, y pensaste que debías corresponder a lo que tu creías era una cortesía.

Sin esperarlo llego tu primer relato y sin imaginar, creo que tú tampoco lo pensabas, que sería el primero de muchos. En él me hacías protagonista de la historia, y me hiciste sentir la protagonista. Qué extraña sensación, aunque a la vez tan intensa y real, verse reflejada una misma en una historia escrita por alguien tan ajeno. ¿Una casualidad? Eso pensé, quizás fruto de mi situación emocional en aquel momento, tan frágil, que probablemente me hacía empatizar con cualquier semejanza con mi propia vida. Pero llegó un segundo relato, y de nuevo volví a sentir lo mismo, no sólo era el verme reflejada en la historia, sino el cúmulo de emociones y sensaciones que provocaba en mí, hizo brotar y sentir de nuevo aquello que viví en un tiempo pasado y que ya nunca creí que iba a revivir, que creía sepultado en mi interior para siempre.

Así, aunque seguíamos conversando, en paralelo abrimos un diálogo asimétrico de imágenes por palabras, casi una relación comercial, pues yo correspondía e incentivaba tus historias con fotos que ya no permitía la censura. Habrás de reconocer que solo respondías, y lo sigues haciendo, a la provocación. Y de pronto me descubrí a mí misma manteniendo la comunicación abierta, siempre activa. Te enviaba dulces envenenados cuando la censura me amargaba y hacía sufrir con mis contribuciones, que algunas veces surtía efecto, y en otras ocasiones imágenes más personales y explícitas de esas que tanto te provocaban, algunas de ellas, cada vez más, hechas especialmente para ti. Porque cada vez que leía una de tus historias literalmente conseguías que me licuara, y sin remedio mis manos terminaran sobre mi cuerpo poniéndole la guinda y el punto final a lo que tu relato había iniciado.

Hiciste que no pueda prescindir de ellas, hasta formar parte de mi vida, casi diría que incluso de mi rutina. E incluso tuve que aprender a ser paciente. Recuerdo aquel día que recibí en la sala de espera del médico y pensé que leer tu historia me haría la espera más corta. En realidad fue al revés, no veía el momento de quedarme sola para terminar lo que tu historia había empezado. Mi cara no reflejaba más que aburrimiento por la espera, pero mi cuerpo ardía por dentro. Sentía mis bragas mojadas y si acomodaba mis piernas notaba como me rozaba y me mojaba aún más. Me retorcía por dentro. Mi doctor, además de ser buen médico y tener buen porte, es un profesional y un caballero y se limitó a revisar mi pierna, pero estoy segura de que cuando me examinó se dio cuenta de mi excitación, y hasta debió sentir el aroma que emanaba entre mis piernas bajo mi falda.

No pensé que todavía me guardarás otra sorpresa. Sin haberlo comentado nunca parecía que habíamos firmado un acuerdo en el que tu ponías las palabras y conformabas el mundo de la imaginación, la tuya y la mía, y era yo la que daba una muestra del mundo real para premiar y lubricar (no en el sentido mecánico) tu imaginación, si es que te hacía falta. Un día te saltaste nuestra regla no escrita y acompañaste una foto junto con una de tus historias. Una está harta de recibir "gráficas y efusivas" muestras de admiración por parte de machos del mundo a los que no conoce de nada, es lo que tiene internet que no se limita a lo local. Aunque por defecto no les hago caso, y directamente bloqueo a los remitentes de tan erguidos regalos sin tan siquiera abrirlos, ya he visto regalos y homenajes de todos las formas, tamaños y colores. Todavía no termino de comprender como no se dan cuenta de que la mejor forma de no captar la atención de una mujer, por supuesto la mía, es haciendo gala de su hombría con tan limitada perspectiva, en algunos casos limitadísima porque ni con aumentos.

De entrada preferí obviar la foto, como si no la hubieras enviado, y sin leer el correo como hago habitualmente me fui directamente a tu historia para consumir mi dosis de lectura. Ese día me resulto especialmente cercana y conmovedora, removió viejos recuerdos y deseos que parecía leyeras en los diarios personales que nunca escribí, lo que creo que la hizo a su vez más intensa y excitante. Cuando terminé de leer, tendida sobre la cama con el celular en una mano y la otra entre mis piernas bajo las bragas, sentía el calor y la humedad que emanaba de mi interior, y una necesidad de sentirme llena que sabía mi mano no iba a alcanzar. Volví al correo y ahora sí lo leí. Siempre tan tuyo, hasta te disculpabas por la intromisión con la foto, y te justificabas contándome que no solo eran letras lo que yo te provocaba. Nada que no supiera, pues ni te hacía un eunuco ni hierática figura en el altar de los castos, y en ese caso no creo que fueras capaz de imaginar las historias tan vívidas que escribías. Me dejé llevar por la calentura del momento, pues no quería romper la magia de nuestros asimétricos diálogos, y al final abrí la foto. Inmediatamente deseé ser poseída por ti, por tu sexo. Se te veía y sentía tan excitado como me encontraba yo en ese momento, y sólo podía pensar que era por mí, y para mí, lo cual me excito aún más de lo que ya estaba después de la lectura. Imaginé mis manos sobre tu cuerpo velludo, tan varonil, contrastando con mi piel inmaculada, no podías estar más alejado del cuerpo de un atleta, pero en ese momento la imagen de un ser verdadero, real, un hombre con los pies en la tierra, era lo que realmente me podía seducir y excitar. Además, aquella verga que ya casi sentía entre mi manos, que quería dentro de mí, no era una de tantas, destacaba por su firmeza, su textura, su forma, tan marcada en sus partes que invitaba a relamerse con ella antes de hacerla desaparecer en mis entrañas. Cuando me recuperé, todavía temblorosa y con el recuerdo entre los dedos del placer que me había provocado, esa tremenda pequeña muerte (petit mort) que dicen los franceses, todavía presente en mi mente tu imagen que nunca creí que pudiera encenderme de esa forma, sólo se me ocurrió responderte "vaya arma que portas!!! eres un peligro andante!! "

No me has enviado más fotos, yo tampoco te las he pedido, aunque tampoco te he dicho que no envíes más, pero de cuando en cuando, cuando me siento especialmente caliente, recupero la imagen y el deseo de tu verga, la deseo con frenesí, me siento atravesada por ella, y me provoco los orgasmos más intensos que nunca haya tenido. Y dudo, dudo si quedarme con la fantasía, o si cruzar esa frontera. Dónde me llevaría: me haría chocar contra el duro suelo que es tantas veces la realidad, o me llevaría a una experiencia desconocida, más allá de lo ya imaginado, casi una nueva vida.
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-- ¿Me llamas? --
Posted:Aug 17, 2020 9:30 am
Last Updated:Aug 28, 2020 3:38 am
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-- ¿Me llamas? --

Todavía no abres los ojos, pero en la duermevela sientes tu cuerpo extraño. Húmedo, sudado y pesado. No eres tú, o sí. No estás sola, hay otro cuerpo pegado al tuyo. Dos cuerpos pegados. Abres los ojos: ves las piernas enredadas, los brazos retorcidos aprisionándote en un abrazo de roble viejo, como si los dos cuerpos estuvieran en comunión el uno con el otro. Cierras los ojos, sonríes para ti y haces memoria:

"¿Me llamas?"
Ya sabes que no puedo negarme, ya sabes que lo deseo, incluso aunque no me lo hubieras pedido. Cómo también sabes que cualquiera que recibiera esta foto y estas palabras no podría resistirse, y yo menos. Esa mirada, tan intensa, tan tuya, tan hermosa, tan seductora: quién podría resistirse. Hace que te sobren las palabras porque habla por sí misma, dice aquí estoy, aquí me tienes, madura sí y ahí está como un tesoro de plata mi cabello al natural, madura y sabia, consciente de mi misma, hermosa y decidida. Unos ojos, una mirada, que dicen soy dueña de mi vida y mi persona, sin más ataduras que mis propias decisiones, y está es mi decisión. Dicen "tú" y dicen "ven", invitan, pero no a cualquiera, porque en tu libertad y libertinaje, tu defines tu frontera y compañía, y solo quien esté dispuesto a respetarla será digno de tu mirada. Solo el digno de franquearla podrá luego romper contigo las barreras de las fronteras y dibujar unas nuevas. No es solo la mirada, es todo el gesto que la acompaña, esa sonrisa ligera que ilumina todo tu rostro, la cabeza ladeada, una inclinación que busca a la cámara pero que también dice: "adelante, entra, estás en tu casa". Y la forma en que la luz baña tu piel. Hasta la mano recostada en la pared parece cómplice de todo el mensaje.
Y sí, la tentación de tu cuerpo, porque no puedo callarme y decir que tu mirada me impide verlo, porque mis ojos vuelan por él como lo desean hacer mis manos. Casi pareciera que han sido mis manos las que han deslizado el tirante hasta dejar tu hombro desnudo, un hombro que invita a ser besado, a ser acariciado. Y al deslizar el tirante tu escote se ha hecho infinito, o quizás cero, me fallan las matemáticas y la racionalidad cuando ante ti solo me puedo dejar llevar por las emociones, los sentimientos, la irracionalidad del placer. Pero cualquiera que sea el resultado, aflojada la tela, tus pechos se vuelven libertinos y se dejan ver libres, se dejan ver y tocar, acariciar y besar, manosear y chupar... La mera idea de saber que mis labios y mis manos van a explorar tus pechos hace acelerar el latido de tu corazón y el fluir de la sangre por tu cuerpo, aprieta tus músculos, endurece y oscurece tus pezones que se ya sienten de otro.

Te llamo. La conversación es breve. Nunca hemos hablado por teléfono y sin embargo parece que lleváramos haciéndolo toda la vida y nos sobraran las palabras por mil veces dichas. Pero en cada palabra aprendemos a reconocernos y creamos conexiones en nuestra mente para borrar a los dos desconocidos y hacernos más cercanos. Curiosamente cada silencio no aporta distancia, sino que crea un instante más íntimo al saber al otro escuchando el mismo silencio. Aunque ambos sabemos lo que queremos decir, lo que queremos pedir, esperamos con emoción a escucharlo del otro. A percibir en el temblor de la voz la emoción contenida del momento esperado. "¿Vas a venir a verme? ¿Puedes?", me dices. "Espero a una estrella que guie mi camino...", te contesto. Las estrellas de oriente ya no cruzan cielos sino que vienen ahora en forma de coordenadas GPS que recibo casi al instante en mi teléfono. "Un favor, quédate cómo estás. Voy volando" te digo.

Y el tiempo se alarga y encoge mientras la estrella digital va cantando la ruta. Me espera el frutal donde has ocultado la llave para que abra yo mismo. Se resiste la cerradura, suele pasar con los desconocidos, pero no volverá a suceder nunca más. Abro la puerta, veo una luz al fondo y me acerco, y en la penumbra reconozco tu silueta. Me esperas en la entrada de la cocina, ladeada contra la pared, el mismo punto del retrato, aunque más recatada en la espera, las mismas prendas negras que han vuelto a su sitio esperando mi llegada, y los brazos cruzados sobre tu pecho resaltando el escote. En tu cara una luminosa sonrisa y la misma mirada. Me acerco hasta ti, y cuando salgo de la penumbra, tu sonrisa se hace más grande y me dices: "Tanto tiempo chamaco, te haces de rogar". No contesto, silencio tus labios con un dedo, y luego un beso. Un beso casto. Contestas con otro, más intenso, más largo, y las bocas que se gustan, se buscan, se juntan, se funden en una sola. No sé si tiemblan mis manos o tu cuerpo, o si es el latido acelerado del corazón que siento por todo el cuerpo, pero en la aparente calma de los intensos besos un frenesí sacude todo mi cuerpo por dentro. Mi cuerpo y mi mente. Cómo en un guion no escrito, pero por ambos esperado, los besos solo se interrumpen para que las manos, temblorosas y decididas, vayan explorando y desnudando el cuerpo del otro. Primero las mías, deslizando los tirantes y acariciando tus hombros desnudos, haciendo cero o infinito tu escote mientras sientes el calor de mis manos bajando por tus brazos y luego acariciando tus pechos desnudos. Las tuyas se han repartido el territorio, una al norte desabotonando con pericia la camisa mientras la otra descubre como el pantalón se ha convertido en mi prisión y necesita urgentemente una vía de escape. No hay orden, vuelven los besos intensos y luego los juegos de manos, hasta que todas las prendas quedan por el suelo. Por un instante vienen a mi mente las veces que había imaginado este momento, mis manos, mis labios, mi lengua, sobre tu cuerpo desnudo, un recuerdo que se pierde al sentir tu piel erizada en mis dedos, el tacto de tus pechos turgentes, el sabor de tu boca en mis labios, la salinidad de un cuerpo libre que transpira deseo, y mis manos llenándose de la carnalidad de tu cuerpo. Te recuestas, entreabres tus piernas como en una ofrenda y me adentro en el templo de eros, siento en mi rostro el aroma de la diosa Venus renacida en ti, y saboreo el néctar de tu flor más íntima hasta convertirla en epicentro de un temblor que hace vibrar todo tu cuerpo, hasta dejar a tu mente sin sentido, y dejar escapar el preciado destilado de ambrosía. El temblor volverá a replicar cuando te sientas traspasar por la lanza de Marte, firme, erguida y henchida de deseo por ti, su Venus.
Así, nos dejamos fluir en el uno en el otro llevados solo por el ritmo del deseo.
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-- Aroma y sabor --
Posted:Aug 11, 2020 2:09 am
Last Updated:Oct 3, 2020 5:32 pm
1794 Views

-- Aroma y sabor --

Sabor amargo, dicen algunos (necios).
Ambrosía de dioses concedida a los humanos, contestamos otros.

Nada como sentir el aroma y sabor de la mujer deseada, porque no hay sabor sin aroma y la nariz, como exploradora adelantada, rastrea el terreno a degustar, adelanta y enriquece la experiencia. Cada rincón, cada uno con su matiz y peculiaridad, como la hierba y las flores en la pradera, los siempre verdes helechos bajos los leñosos en el bosque, líquenes y musgos, umbríos y húmedos, pegados a troncos y piedras. Y fluye y varía con el pasar de las horas del día, desde el rocío matinal fresco y límpido, hasta la sequedad del atardecer agostados por el sol. Y por la noche cambian su respiración a contrarreflujo.

Igual sucede con la mujer deseada. Amanece impregnada de su aroma puro de hembra, macerada por la noche, que despierta el celo en el macho que revive su recuerdo ancestral. Aseada más tarde, se cubre de un frescor que después oculta su naturaleza con gotas de aromas importados de las flores rociadas en puntos estratégicos que perdurarán todo el día y provocan otra atracción, y otro recuerdo. Y llegará la noche, con el cuerpo hastiado del día, rociado y cultivado de su propio cansancio, con una intensidad en los rincones más deseados que seduce a su admirador.

Cualquiera que sea la hora, con el aroma percibido propio de cada instante, se despierta un reflejo, se fija un recuerdo, un instinto distinto por cada aroma que aviva nuestra atracción, y despierta al amante soñador o al macho ancestral que espera en nuestro interior a ser reclamado, y con él el deseo y el celo. Deseo por saborear y sentir y llenarse de ese cuerpo que desprende mil aromas.

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