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-- ¿Me ayudas? --
Publicado en:14 Septiembre 2020 9:48 am
Última actualización en:16 Septiembre 2020 2:43 am
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-- ¿Me ayudas? --

Así decía tu mensaje. ¿De veras es una pregunta? Lo tomo como una invitación, porque bien sabes que no hay duda en mi respuesta, y acudo presuroso a tu llamada de auxilio, de necesidad que siento urgente, pues a esta hora deberías estar paseando y conociendo la ciudad. Llego sin avisar, en primer lugar, porque ocupada como te supongo no podrás responderme, o te interrumpiría tan delicioso momento. Además, sabiendo que podías contar conmigo, la primera noche me diste la segunda llave de la habitación para que si nada me lo impedía, como ahora, acudiera en cualquier momento.

Abro la puerta. Estás concentrada en ti misma y no me sientes entrar.
Has dejado la habitación a media luz, y los rayos de sol que se cuelan por las rendijas de la ventana me llevan directamente a ti, a tu cuerpo sobre la cama iluminado en un juego de luces y sombras. Completamente desnuda, tu ropa revuelta sin orden entre la silla y el suelo, delata la urgencia del momento: me necesitabas pero no podías esperar, y no me esperas. Tus piernas, ligeramente levantadas y entreabiertas acogen tu mano, que frota tu coñito con pasión deslizando entre los labios el dedo corazón dentro de ti. Tu llamada ya me había alterado, pero tu visión ha despertado violentamente a mi cuerpo que se revela abultado y apretado bajo el pantalón, y se siente prisionero. Antes de llegar hasta tíi me libero y me desnudo deprisa, sin hacer ruido, procurando que todavía no sientas mi presencia. Al llegar hasta los pies de la cama creo ver que estás con los ojos cerrados. Como el comandante de un submarino con mi propio periscopio, fijo mi objetivo antes de la inmersión, y me sitúo frente a tus piernas, entre tus piernas. Entonces me deslizo por la cama hacia ti.

La inesperada perturbación al acercarme, te desasosiega, te sobresalta e interrumpe, pero enseguida mis manos te alcanzan y se abrazan a tus piernas. No puedo ver tu cara, pero si siento tu cuerpo, un primer acto reflejo de sorpresa, casi de susto, un gesto de protección tratando de cerrar las piernas que ha dado paso a tus manos corriendo a agarrarse a las mías cuando al instante has reconocido que solo yo podía agarrarte de esa forma. Entonces entreabriendo de nuevo las piernas, tus manos atraen mi cabeza hacía ti hasta sentir mi aliento y el roce de mi barba sobre tu piel, mi boca sobre tu coñito, y acompañado de un leve gemido has susurrado: "ayúdame". No digo nada, pero entiendes mi respuesta cuando sientes mi rostro apretado en tu entrepierna y el calor de mi boca alrededor de tu coño. Donde antes tu dedo intentaba calmar tu deseo, tu necesidad, sientes ahora mi lengua, deslizándose entre los labios y penetrando dentro de ti. Fruto de tus juegos de manos previos tu coño está muy caliente y húmedo, y siento como se me acelera el pulso, y un impulso cuasi eléctrico por todo mi cuerpo que hace más firme todavía mi sexo, cuando me inundo de tu aroma y sabor más íntimo.

Mis manos se agarran a tus piernas, recorren tus muslos, mientras te devoro con frenesí. Porque de la misma forma que tu necesitas sentir vibrar tu cuerpo a mi contacto, yo necesito llenarme de ti, sentir que tu cuerpo es mío, necesito que te derritas en mi boca, que derrames sobre mí todos tus jugos hasta sentir tu cuerpo palpitar, agitándose, estremeciéndose. Y en ese juego, mi boca va alternando y repitiendo sin un orden previsto, solo guiado por el instinto y la respuesta de tu cuerpo: Se acopla a ti, alrededor de tu vulva, y te sientes perder dentro de mi boca, te atraigo dentro de mí, succionando, sintiendo la carnosidad de tus labios hinchados dentro de mi boca, como si pudiera arrancarlos y tragarlos. Todavía atrapada, te sientes abrir de par en par cuando mi lengua presiona entre tus labios que se abren para recibirla y atraerla dentro. Te sientes acariciar por dentro y sientes como fluyen los jugos que emanan dentro de ti. Libero luego tu coño de la presión del acoplamiento y lo recorro con mi lengua. Lamiendo y chupando, desde tu culito, sientes como toda mi lengua se pega a ti como si fueras el helado más sabroso, deslizándose entre tus labios, apretándose contra ti, no te puedes contener y se derraman tus jugos que se mezclan con mi saliva e impregnan mi lengua. Hasta alcanzar tu clítoris que rodeo con mi lengua en lúbricos círculos, hinchado e inflamado, ha escapado de su escondite y lo atrapo entre mis labios, lo chupo, lo succiono, lo lamo, y en su firmeza siento agitar todo tu cuerpo. mientras tus jugos escurren por tus piernas. Y como si besaran tu boca, vuelven mis labios a apretarse contra los labios de tu coño, los mordisqueo, deslizo mi lengua alrededor de ellos, sobre ellos, dentro de ti. Todo en un ciclo desordenado, cada vez más intenso, que solo tendrá fin cuando una incontenible ola de placer se irradie a todo tu cuerpo, y la vibración de tu clítoris, y las palpitaciones que salen desde dentro de ti, conquisten el resto de tu cuerpo hasta que tu mente quede ciega al mundo exterior y solo sea capaz de sentir el placer que estremece tu cuerpo. Y tus manos que al principio presionaban mi cara entre tus piernas, y luego agarraban tus tetas que sentías firmes y apretadas, se agarran a las sábanas con desesperación mientras todo tu cuerpo se estremece y palpita en su estallido de placer, hasta caer exhausto, sudoroso y rendido al placer.

Mientras beso tus labios, acaricio tu cuerpo derrotado por el placer, tus mejillas encendidas, tus pechos inflamados que se elevan en cada inspiración de tu respirar profundo, todavía agitado, tu piel erizada, brillante, todavía transpirando, y en tus venas siento todavía el pulso acelerado. Al llegar a tu coñito, todavía palpitante, mis dedos se empapan de tus jugos y goteando los llevo a tus labios. Abres tu boca nada más sentir la humedad sobre tus labios y comienzas a chuparlos, despacio pero muy intensamente, los saboreas, y sientes el sabor de tu cuerpo que tanto me excita. Tu coñito, todavía no saciado, necesita sentirme dentro de ti, necesita mi verga que excitada y firme también se impacienta por tí. Todavía saboreando mis dedos en tu boca, cuando sientes la presión de mi verga contra tu coñito pidiendo paso, se abren los labios de tu coño como una flor y sobre el mar de tus jugos se desliza hasta que desaparece dentro de ti, llenándote toda...
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-- Ganas de Jugar --
Publicado en:7 Septiembre 2020 2:56 am
Última actualización en:7 Septiembre 2020 3:46 pm
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-- Ganas de Jugar --

Descansada, liviana, serena, relajada, hasta liberada podría decir, así me he despertado hoy. Será lo reparador del sueño tras un cansancio intenso. Tan agotada caí ayer en la cama que hasta renuncié a mi sagrado baño, el que me limpia, me refresca, y me permite dibujar una frontera entre la vida mundana que queda tras la puerta principal y mi yo más íntimo, apenas si alcancé a arrastrarme hasta el dormitorio, dejar a un lado la ropa que cada mañana escojo con ilusión y espíritu coqueto, y en ese momento sentía me atrapaba y ataba a lo mundano como una camisa de fuerza, y sin camisón ni pijama alguno, desnuda, sentí la caricia de las sábanas mientras me deslizaba en la cama hasta quedar dormida antes de haberme estirado del todo.

Yo que soy una soñadora empedernida, y a veces me pregunto si ese maravilloso mundo onírico en que me sumerjo cada noche será la causa por la que luego me cuesta tanto navegar en la vida terrenal y encontrar gente que realmente merezca la pena, hoy no recordaba ningún sueño. He revisado mi libreta de sueños en la mesilla, para leer lo que hubiera anotado en mitad de la noche pero la hoja, pero como mi recuerdo estaba en blanco.

Tan profundo y blanco ha sido el sueño que ir despertando ha sido un proceso especialmente lento, parsimonioso y gradual, lleno de paz, de absoluta tranquilidad, abriendo lentamente mi mente a la consciencia y sintiendo muy poco a poco la gravedad de mi cuerpo, tanto que me sentía flotar entre las sábanas. En esa profunda placidez, cuando he sido consciente de mi cuerpo, de mi desnudez solo cubierta por las sábanas, he buscado a mi lado. Uno de esos días en que echas de menos no amanecer acompañada por alguien delicioso, porque necesitaba compartir este amanecer, mi estado mental, este limbo particular, y llenar mi cuerpo desnudo, recién descubierto y abierto a sensaciones desconocidas, de deseo y carnalidad, hasta llevarlo a un éxtasis entre espiritual y lúbrico. Y no, no me servía llamar a nadie que viniera de fuera a romper esta maravillosa burbuja que voy a hacer durar todo el día.

Sola pero dentro de mi burbuja, camino ahora descalza y desnuda por la casa, vestida únicamente con mi collar de perlas que rueda sobre mi piel sin terminar de acomodarse entre mis pechos mientras camino. Me siento caprichosa, con ganas y necesidad de sentirme, de jugar conmigo. Abro el balcón de par en par, y una fresca brisa, que hace bailar el collar, me envuelve y acaricia mi cuerpo desnudo erizando mi piel al instante, cierro los ojos y espero a que los rayos de sol me atemperen de nuevo. He acercando el sillón frente al balcón abierto para que el sol bañe mi cuerpo, y me he sentado a leer tus relatos con un Chupa-Chups de fresa en la boca, no hay mejor sabor. Me dejo llevar por tus fantasías y así, como sé que lo deseas, las he hecho mías, me he convertido en la protagonista, he asumido tu narración y se van convirtiendo en mis recuerdos revividos, como si fuera un sueño de cosas pasadas.

Cuando la boca de la protagonista, mi boca, se enreda en un intenso y profundo beso, no puedo evitar que mis labios y mi boca, y mi lengua, se recreen con el Chupa-Chups, lo relamo y saboreo, y me llega el recuerdo del sabor de tu boca. Ahora tus manos recorren los pechos de la protagonista, yo, y tus dedos tropiezan con mis pezones duros y excitados, enrollo el collar en torno a mis tetas, y siento un centenar de dedos acariciándome y excitándome cuando arrastro las cuentas, cada perla, sobre mis pezones. Me deleito con el Chupa-Chups cuando revivo el recuerdo de tu verga en mi boca, y con mi lengua moldeo la redondez de su cabeza, y la saboreo y la chupo con frenesí. No sabe a fresa, me sabe a ti, y a mi. Hago girar el caramelo entre mis labios antes de introducirlo entero en mi boca y rodearlo y empaparlo de saliva con mi lengua, y acaricio mi coño con él e impregnado de mis jugos lo llevo de nuevo a mi boca. Fresa...y yo...y tú . Pero es mi collar de perlas el que me colmará de sensaciones, cuando lo deslizo entre mis piernas, sobre los labios de mi coño, cuando revivo, yo protagonista, que el control de mi coño está a merced de tu boca y tu lengua, y tus dedos, y derrama sus jugos sobre tu boca hasta sentirlo estallar en un gozoso y palpitante júbilo. Entonces voy empujando y deslizando una a una todas las perlas dentro de mi, sintiendo como llenan mi coño, y también mi culito, cada vez que empujo y entra otra perla siento como se reacomodan todas dentro de mi, como cuando siento el vaivén de tu verga acariciándome por dentro en su ir y venir. Aprieto mis piernas, y las cuentas de perlas se alborotan y se aprietan dentro de mi, haciendo palpitar mi coñito, y siento mi piel erizada, la boca reseca... Y vuelvo a sentir el golpe, la caricia, de cada perla, cuando tiro del collar y se amontonan en la salida empapadas de mis jugos, y las froto y envuelvo sobre mi clítoris que reluce inflamado bajo el sol hasta que no aguanto más y es mi mano, mis dedos, la que se aprieta con rápidos movimientos hasta que todo mi cuerpo se estremece presa de incontrolables sacudidas, vibraciones y palpitaciones que me agitan en repetitivas oleadas, como un interminable tsunami.

Extasiada y agotada, pero protegida en este día burbuja, acariciada por los rayos de sol, me dejaré llevar de nuevo al mundo de los sueños, está vez sí soñando, soñando con mi cuerpo entregado a ti, y despertaré empapada, empapada de deseo, y volveré a ser la protagonista de tus relatos y del placer de mi cuerpo.
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-- Armado (de palabras) --
Publicado en:26 Agosto 2020 4:09 am
Última actualización en:28 Agosto 2020 3:36 am
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-- Armado (de palabras) --

Me habías convertido en adicta a tus palabras. Me derretía con tus historias.

No soy capaz de recordar cómo empezaste a enviármelas, tampoco me has dicho nunca por qué, aunque prefiero conservar la magia de ese misterio. Todo comenzó con un breve comentario que dio pie a una charla entre dos desconocidos, cortés y educada, siempre te has portado como un caballero y de no ser así no te hubiera seguido respondiendo, pero manteniendo la distancia, que se fue repitiendo en días sucesivos, mientras yo seguía luchando contra el nuevo puritanismo que había adueñado de la página y me bloqueaba sistemáticamente mis fotos.

Ni siquiera recuerdo ahora mismo tu primer texto y qué lo provocó, sólo que era breve, galante y seductor, lo que se salía del ámbito de la charla que habíamos tenido hasta ese momento. Supongo que en un momento de rabia, en que necesitaba desahogarme con alguien que conociera el contexto, te enviaría alguna de las fotos que me estaban censurando, y pensaste que debías corresponder a lo que tu creías era una cortesía.

Sin esperarlo llego tu primer relato y sin imaginar, creo que tú tampoco lo pensabas, que sería el primero de muchos. En él me hacías protagonista de la historia, y me hiciste sentir la protagonista. Qué extraña sensación, aunque a la vez tan intensa y real, verse reflejada una misma en una historia escrita por alguien tan ajeno. ¿Una casualidad? Eso pensé, quizás fruto de mi situación emocional en aquel momento, tan frágil, que probablemente me hacía empatizar con cualquier semejanza con mi propia vida. Pero llegó un segundo relato, y de nuevo volví a sentir lo mismo, no sólo era el verme reflejada en la historia, sino el cúmulo de emociones y sensaciones que provocaba en mí, hizo brotar y sentir de nuevo aquello que viví en un tiempo pasado y que ya nunca creí que iba a revivir, que creía sepultado en mi interior para siempre.

Así, aunque seguíamos conversando, en paralelo abrimos un diálogo asimétrico de imágenes por palabras, casi una relación comercial, pues yo correspondía e incentivaba tus historias con fotos que ya no permitía la censura. Habrás de reconocer que solo respondías, y lo sigues haciendo, a la provocación. Y de pronto me descubrí a mí misma manteniendo la comunicación abierta, siempre activa. Te enviaba dulces envenenados cuando la censura me amargaba y hacía sufrir con mis contribuciones, que algunas veces surtía efecto, y en otras ocasiones imágenes más personales y explícitas de esas que tanto te provocaban, algunas de ellas, cada vez más, hechas especialmente para ti. Porque cada vez que leía una de tus historias literalmente conseguías que me licuara, y sin remedio mis manos terminaran sobre mi cuerpo poniéndole la guinda y el punto final a lo que tu relato había iniciado.

Hiciste que no pueda prescindir de ellas, hasta formar parte de mi vida, casi diría que incluso de mi rutina. E incluso tuve que aprender a ser paciente. Recuerdo aquel día que recibí en la sala de espera del médico y pensé que leer tu historia me haría la espera más corta. En realidad fue al revés, no veía el momento de quedarme sola para terminar lo que tu historia había empezado. Mi cara no reflejaba más que aburrimiento por la espera, pero mi cuerpo ardía por dentro. Sentía mis bragas mojadas y si acomodaba mis piernas notaba como me rozaba y me mojaba aún más. Me retorcía por dentro. Mi doctor, además de ser buen médico y tener buen porte, es un profesional y un caballero y se limitó a revisar mi pierna, pero estoy segura de que cuando me examinó se dio cuenta de mi excitación, y hasta debió sentir el aroma que emanaba entre mis piernas bajo mi falda.

No pensé que todavía me guardarás otra sorpresa. Sin haberlo comentado nunca parecía que habíamos firmado un acuerdo en el que tu ponías las palabras y conformabas el mundo de la imaginación, la tuya y la mía, y era yo la que daba una muestra del mundo real para premiar y lubricar (no en el sentido mecánico) tu imaginación, si es que te hacía falta. Un día te saltaste nuestra regla no escrita y acompañaste una foto junto con una de tus historias. Una está harta de recibir "gráficas y efusivas" muestras de admiración por parte de machos del mundo a los que no conoce de nada, es lo que tiene internet que no se limita a lo local. Aunque por defecto no les hago caso, y directamente bloqueo a los remitentes de tan erguidos regalos sin tan siquiera abrirlos, ya he visto regalos y homenajes de todos las formas, tamaños y colores. Todavía no termino de comprender como no se dan cuenta de que la mejor forma de no captar la atención de una mujer, por supuesto la mía, es haciendo gala de su hombría con tan limitada perspectiva, en algunos casos limitadísima porque ni con aumentos.

De entrada preferí obviar la foto, como si no la hubieras enviado, y sin leer el correo como hago habitualmente me fui directamente a tu historia para consumir mi dosis de lectura. Ese día me resulto especialmente cercana y conmovedora, removió viejos recuerdos y deseos que parecía leyeras en los diarios personales que nunca escribí, lo que creo que la hizo a su vez más intensa y excitante. Cuando terminé de leer, tendida sobre la cama con el celular en una mano y la otra entre mis piernas bajo las bragas, sentía el calor y la humedad que emanaba de mi interior, y una necesidad de sentirme llena que sabía mi mano no iba a alcanzar. Volví al correo y ahora sí lo leí. Siempre tan tuyo, hasta te disculpabas por la intromisión con la foto, y te justificabas contándome que no solo eran letras lo que yo te provocaba. Nada que no supiera, pues ni te hacía un eunuco ni hierática figura en el altar de los castos, y en ese caso no creo que fueras capaz de imaginar las historias tan vívidas que escribías. Me dejé llevar por la calentura del momento, pues no quería romper la magia de nuestros asimétricos diálogos, y al final abrí la foto. Inmediatamente deseé ser poseída por ti, por tu sexo. Se te veía y sentía tan excitado como me encontraba yo en ese momento, y sólo podía pensar que era por mí, y para mí, lo cual me excito aún más de lo que ya estaba después de la lectura. Imaginé mis manos sobre tu cuerpo velludo, tan varonil, contrastando con mi piel inmaculada, no podías estar más alejado del cuerpo de un atleta, pero en ese momento la imagen de un ser verdadero, real, un hombre con los pies en la tierra, era lo que realmente me podía seducir y excitar. Además, aquella verga que ya casi sentía entre mi manos, que quería dentro de mí, no era una de tantas, destacaba por su firmeza, su textura, su forma, tan marcada en sus partes que invitaba a relamerse con ella antes de hacerla desaparecer en mis entrañas. Cuando me recuperé, todavía temblorosa y con el recuerdo entre los dedos del placer que me había provocado, esa tremenda pequeña muerte (petit mort) que dicen los franceses, todavía presente en mi mente tu imagen que nunca creí que pudiera encenderme de esa forma, sólo se me ocurrió responderte "vaya arma que portas!!! eres un peligro andante!! "

No me has enviado más fotos, yo tampoco te las he pedido, aunque tampoco te he dicho que no envíes más, pero de cuando en cuando, cuando me siento especialmente caliente, recupero la imagen y el deseo de tu verga, la deseo con frenesí, me siento atravesada por ella, y me provoco los orgasmos más intensos que nunca haya tenido. Y dudo, dudo si quedarme con la fantasía, o si cruzar esa frontera. Dónde me llevaría: me haría chocar contra el duro suelo que es tantas veces la realidad, o me llevaría a una experiencia desconocida, más allá de lo ya imaginado, casi una nueva vida.
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-- ¿Me llamas? --
Publicado en:17 Agosto 2020 9:30 am
Última actualización en:28 Agosto 2020 3:38 am
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-- ¿Me llamas? --

Todavía no abres los ojos, pero en la duermevela sientes tu cuerpo extraño. Húmedo, sudado y pesado. No eres tú, o sí. No estás sola, hay otro cuerpo pegado al tuyo. Dos cuerpos pegados. Abres los ojos: ves las piernas enredadas, los brazos retorcidos aprisionándote en un abrazo de roble viejo, como si los dos cuerpos estuvieran en comunión el uno con el otro. Cierras los ojos, sonríes para ti y haces memoria:

"¿Me llamas?"
Ya sabes que no puedo negarme, ya sabes que lo deseo, incluso aunque no me lo hubieras pedido. Cómo también sabes que cualquiera que recibiera esta foto y estas palabras no podría resistirse, y yo menos. Esa mirada, tan intensa, tan tuya, tan hermosa, tan seductora: quién podría resistirse. Hace que te sobren las palabras porque habla por sí misma, dice aquí estoy, aquí me tienes, madura sí y ahí está como un tesoro de plata mi cabello al natural, madura y sabia, consciente de mi misma, hermosa y decidida. Unos ojos, una mirada, que dicen soy dueña de mi vida y mi persona, sin más ataduras que mis propias decisiones, y está es mi decisión. Dicen "tú" y dicen "ven", invitan, pero no a cualquiera, porque en tu libertad y libertinaje, tu defines tu frontera y compañía, y solo quien esté dispuesto a respetarla será digno de tu mirada. Solo el digno de franquearla podrá luego romper contigo las barreras de las fronteras y dibujar unas nuevas. No es solo la mirada, es todo el gesto que la acompaña, esa sonrisa ligera que ilumina todo tu rostro, la cabeza ladeada, una inclinación que busca a la cámara pero que también dice: "adelante, entra, estás en tu casa". Y la forma en que la luz baña tu piel. Hasta la mano recostada en la pared parece cómplice de todo el mensaje.
Y sí, la tentación de tu cuerpo, porque no puedo callarme y decir que tu mirada me impide verlo, porque mis ojos vuelan por él como lo desean hacer mis manos. Casi pareciera que han sido mis manos las que han deslizado el tirante hasta dejar tu hombro desnudo, un hombro que invita a ser besado, a ser acariciado. Y al deslizar el tirante tu escote se ha hecho infinito, o quizás cero, me fallan las matemáticas y la racionalidad cuando ante ti solo me puedo dejar llevar por las emociones, los sentimientos, la irracionalidad del placer. Pero cualquiera que sea el resultado, aflojada la tela, tus pechos se vuelven libertinos y se dejan ver libres, se dejan ver y tocar, acariciar y besar, manosear y chupar... La mera idea de saber que mis labios y mis manos van a explorar tus pechos hace acelerar el latido de tu corazón y el fluir de la sangre por tu cuerpo, aprieta tus músculos, endurece y oscurece tus pezones que se ya sienten de otro.

Te llamo. La conversación es breve. Nunca hemos hablado por teléfono y sin embargo parece que lleváramos haciéndolo toda la vida y nos sobraran las palabras por mil veces dichas. Pero en cada palabra aprendemos a reconocernos y creamos conexiones en nuestra mente para borrar a los dos desconocidos y hacernos más cercanos. Curiosamente cada silencio no aporta distancia, sino que crea un instante más íntimo al saber al otro escuchando el mismo silencio. Aunque ambos sabemos lo que queremos decir, lo que queremos pedir, esperamos con emoción a escucharlo del otro. A percibir en el temblor de la voz la emoción contenida del momento esperado. "¿Vas a venir a verme? ¿Puedes?", me dices. "Espero a una estrella que guie mi camino...", te contesto. Las estrellas de oriente ya no cruzan cielos sino que vienen ahora en forma de coordenadas GPS que recibo casi al instante en mi teléfono. "Un favor, quédate cómo estás. Voy volando" te digo.

Y el tiempo se alarga y encoge mientras la estrella digital va cantando la ruta. Me espera el frutal donde has ocultado la llave para que abra yo mismo. Se resiste la cerradura, suele pasar con los desconocidos, pero no volverá a suceder nunca más. Abro la puerta, veo una luz al fondo y me acerco, y en la penumbra reconozco tu silueta. Me esperas en la entrada de la cocina, ladeada contra la pared, el mismo punto del retrato, aunque más recatada en la espera, las mismas prendas negras que han vuelto a su sitio esperando mi llegada, y los brazos cruzados sobre tu pecho resaltando el escote. En tu cara una luminosa sonrisa y la misma mirada. Me acerco hasta ti, y cuando salgo de la penumbra, tu sonrisa se hace más grande y me dices: "Tanto tiempo chamaco, te haces de rogar". No contesto, silencio tus labios con un dedo, y luego un beso. Un beso casto. Contestas con otro, más intenso, más largo, y las bocas que se gustan, se buscan, se juntan, se funden en una sola. No sé si tiemblan mis manos o tu cuerpo, o si es el latido acelerado del corazón que siento por todo el cuerpo, pero en la aparente calma de los intensos besos un frenesí sacude todo mi cuerpo por dentro. Mi cuerpo y mi mente. Cómo en un guion no escrito, pero por ambos esperado, los besos solo se interrumpen para que las manos, temblorosas y decididas, vayan explorando y desnudando el cuerpo del otro. Primero las mías, deslizando los tirantes y acariciando tus hombros desnudos, haciendo cero o infinito tu escote mientras sientes el calor de mis manos bajando por tus brazos y luego acariciando tus pechos desnudos. Las tuyas se han repartido el territorio, una al norte desabotonando con pericia la camisa mientras la otra descubre como el pantalón se ha convertido en mi prisión y necesita urgentemente una vía de escape. No hay orden, vuelven los besos intensos y luego los juegos de manos, hasta que todas las prendas quedan por el suelo. Por un instante vienen a mi mente las veces que había imaginado este momento, mis manos, mis labios, mi lengua, sobre tu cuerpo desnudo, un recuerdo que se pierde al sentir tu piel erizada en mis dedos, el tacto de tus pechos turgentes, el sabor de tu boca en mis labios, la salinidad de un cuerpo libre que transpira deseo, y mis manos llenándose de la carnalidad de tu cuerpo. Te recuestas, entreabres tus piernas como en una ofrenda y me adentro en el templo de eros, siento en mi rostro el aroma de la diosa Venus renacida en ti, y saboreo el néctar de tu flor más íntima hasta convertirla en epicentro de un temblor que hace vibrar todo tu cuerpo, hasta dejar a tu mente sin sentido, y dejar escapar el preciado destilado de ambrosía. El temblor volverá a replicar cuando te sientas traspasar por la lanza de Marte, firme, erguida y henchida de deseo por ti, su Venus.
Así, nos dejamos fluir en el uno en el otro llevados solo por el ritmo del deseo.
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-- Aroma y sabor --
Publicado en:11 Agosto 2020 2:09 am
Última actualización en:28 Agosto 2020 3:51 am
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-- Aroma y sabor --

Sabor amargo, dicen algunos (necios).
Ambrosía de dioses concedida a los humanos, contestamos otros.

Nada como sentir el aroma y sabor de la mujer deseada, porque no hay sabor sin aroma y la nariz, como exploradora adelantada, rastrea el terreno a degustar, adelanta y enriquece la experiencia. Cada rincón, cada uno con su matiz y peculiaridad, como la hierba y las flores en la pradera, los siempre verdes helechos bajos los leñosos en el bosque, líquenes y musgos, umbríos y húmedos, pegados a troncos y piedras. Y fluye y varía con el pasar de las horas del día, desde el rocío matinal fresco y límpido, hasta la sequedad del atardecer agostados por el sol. Y por la noche cambian su respiración a contrarreflujo.

Igual sucede con la mujer deseada. Amanece impregnada de su aroma puro de hembra, macerada por la noche, que despierta el celo en el macho que revive su recuerdo ancestral. Aseada más tarde, se cubre de un frescor que después oculta su naturaleza con gotas de aromas importados de las flores rociadas en puntos estratégicos que perdurarán todo el día y provocan otra atracción, y otro recuerdo. Y llegará la noche, con el cuerpo hastiado del día, rociado y cultivado de su propio cansancio, con una intensidad en los rincones más deseados que seduce a su admirador.

Cualquiera que sea la hora, con el aroma percibido propio de cada instante, se despierta un reflejo, se fija un recuerdo, un instinto distinto por cada aroma que aviva nuestra atracción, y despierta al amante soñador o al macho ancestral que espera en nuestro interior a ser reclamado, y con él el deseo y el celo. Deseo por saborear y sentir y llenarse de ese cuerpo que desprende mil aromas.

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-- Escapada --
Publicado en:6 Agosto 2020 4:30 am
Última actualización en:28 Agosto 2020 9:30 am
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-- Escapada --

Hacía tiempo que había descubierto este lugar y tenía unas ganas terribles de una escapada de fin de semana. Una de esas en las que dejas de pensar, olvidas las preocupaciones y obligaciones del día a día, el trajín cotidiano, incluso te olvidas del mundo. Liberarme de todos esos lastres que a todos nos atan a la realidad sin remedio y apenas dejan hueco para que una despegue, separarme de la cotidianidad y ser consciente de mi misma, ser solo el centro de mi mundo. Este entorno invita a que una solo pueda pensar en no pensar, rodeada de una esplendorosa y bucólica naturaleza, en mitad del campo asturiano, donde abrir la ventana y llenarse del paisaje invita a respirar profundamente y sentir dentro de ti la misma libertad de la naturaleza.

Lo que nunca imaginé es que llegaría aquí con esta compañía. Acompañada sí, de un príncipe azul, apolíneo, pero luego la vida te va enseñando lo decepcionantes que resultan los que lucen como hermosos príncipes y con trabajo te muestra que existen maravillosas ranas, dueñas de su particular principado interior, a la espera de ser besadas. Porque no es Apolo, ni un joven príncipe, es una ranita calva peluda, ¡qué contradicción!, que con insistencia y dedicación, fue sembrando un reguero de palabras que terminaron por germinar y llenar de flores mi jardín, y quien se resiste a un jardín lleno de flores. Y me ha hecho sentir mi cuerpo como nunca antes lo había hecho nadie, y menos aún aquellos que parecían príncipes azules y que siempre pensaron primero en ellos mismos. Y también tiene sus lastres, muchos más que yo, además de la distancia tiene una vida que todavía no se siente capaz de abandonar. A pesar de ello, sin saber a dónde puede llevarme, no puedo evitar convertirlo en mi amante, hacerle un hueco en mi vida y buscarnos.

Sin embargo, este fin de semana y este lugar son precisamente para dejar todos los lastres fuera y dejarse llevar. Y eso hemos hecho ambos, aquí estamos para no pensar más que este momento y dejar que fluya y suceda entre ambos lo que dicte el destino que nos ha hecho unirnos, sea una casualidad o un plan secreto de las cosas.

Y eso es lo que he hecho nada más abrir los ojos, me he dejado llevar, primero a la ventana para llenarme del espíritu de paz y libertad que como una fragancia emana de este paisaje. Después, regenerada por este espíritu y llena de deseo busco a mi amante, mi particular ranita. Busco su sexo que todavía dormido, igual que él, no parece ese órgano vivo y pletórico que luego colma mi deseo. Lo tomo en mi mano y siento su debilidad y fragilidad, igual que siento en la otra mano el calor de sus huevos. Comienzo a jugar con él, lo desnudo, bajo la piel, el prepucio que ahora parece más un pellejo, y descubro el capullo, y acaricio con dos dedos alrededor, lo tanteo con mi lengua y voy sintiendo como va despertando, como florece titubeante a la vida igual que una flor en esas imágenes aceleradas a cámara rápida, ganando fuerza poco a poco conforme hacen efecto mis caricias. Solo de imaginarla en su plenitud ya me excita, y siento como se erizan mis pezones al rozarse contra las sábanas.

Paso mi lengua alrededor del capullo y subo hasta la punta, lo lamo, lo saboreo, siento el sabor que entre ambos dejamos anoche en su piel, y lo siento cada vez más duro y excitado en mi mano y en mi lengua. No abre los ojos, no dice nada, se deja hacer, pero la excitación llena su polla y su cuerpo. Me gusta que se deje hacer, y yo juegue a mi antojo con su rabo. Siento como me mojo de excitación. Ahora la atrapo entre mis labios, hago que llene mi boca que saliva de excitación, y jugueteo con mi lengua cuando la tengo dentro de mi boca. Aprieto mis labios alrededor del capullo y succiono, lo chupo con pasión y deseo, y saboreo las primeras gotas que se le escapan. Las lamo y me relamo, y hago que sienta toda mi lengua en su polla que ahora esta firme y dura como un mástil. Me detengo, me deleito con la visión de mi juguete, brillando por la saliva y el preseminal que lo empapa, antes de volver a la carga y devorarla con el deseo de un náufrago hambriento y sediento. Sólo deja escapar una respiración más intensa, más profunda. Y repito este sensual juego hasta el límite, lo conduzco hasta el precipicio del éxtasis y al borde del abismo, a punto de caer, lo rescato en el último instante, demorando el estallido de placer para hacerlo aún más sublime.

Su silencio y pasividad, se interrumpe cuando por fin lo dejo caer a este abismo, y a punto de estallar deja escapar un gemido. Como un geiser se vacía contra mi boca, no me detengo, y sigo lamiendo y chupando, y por tres veces, en tres golpes de diferente intensidad y fuerza, se derrama sobre mí, llena mi boca y mi mano de su sagrada leche que quiero creer solo merecemos unas pocas elegidas. Saboreo mis labios mientras llevo mis dedos mojados a su boca, y cuando siente las yemas de mis dedos mojadas los mete en su boca y los chupa con el mismo deseo de mi boca sobre su polla. Y siento ahora mi cuerpo ardiendo de deseo. No dice nada, pero sé que en cuanto menos me lo espere seré yo la que caiga a otro abismo, chorreando y exhausta, una caída sin lastre, a un pozo sin fondo de gozo que durará todo el fin de semana.

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-- Después de la tormenta --
Publicado en:27 Julio 2020 3:59 pm
Última actualización en:28 Agosto 2020 3:52 am
897 vistas

-- Después de la tormenta --

Acabo de abrir los ojos y el resplandor de la claridad del sol, ya en lo alto del mediodía, se cuela con fuerza bajo la persiana a media altura cegando la mirada. Sin embargo, me siento como si me hubiera enfundado en un cuerpo rejuvenecido, descansada, relajada, no sólo físicamente sino también mentalmente. En el estado en que me fui a la cama anoche no podía imaginar que acabaría durmiendo tan larga y profundamente, la primera después de unos días y noches muy difíciles...
Difíciles por ese dolor que se ha quedado anclado dentro de mí como una espinita y cuando una cree haberla olvidado te da una punzada, otra más, para recordarte que sigue ahí. Y sí, tiro para adelante, porque el mundo es de los que están aquí pero todavía el recuerdo es muy cercano, y hay momentos en que parece que nada sucedió, que fue un sueño, y la sorpresa de la noticia me sigue asaltando y alterando. Y si en algún momento me pudiera dejar llevar y me cubriera de un manto de lágrimas, me aliviaría, pero no es este un clavo ardiente que te duele y hasta te parte el alma pero puedes arrancar; es un espinita invisible con su jode jode, su viene y va, que me apesadumbra el alma pero no me da para llorar.
Días complicados en el trabajo, donde no terminaba de concentrarme y hasta la tarea más rutinaria y automática se me hacía profundamente cuesta arriba. Absurdamente, en este mes de julio sin Tour de Francia, me sentía como el ciclista que atacado por una pájara en la etapa más importante ve como sus pedaladas no tienen la fuerza suficiente y se va quedando atrás sin remedio, como la carrera se acaba para él mientras el resto de corredores se va perdiendo a su frente.
Y días, pero sobre todo noches, difíciles por el calor asfixiante que ni siquiera da tregua al caer el sol. Noches de calor, de sopor, cansinas, que me agotan pero no me dejan dormir ni descansar. Doy mil vueltas en la cama, me acuesto desnuda y me vuelvo a poner el camisón, me levanto y voy por agua, me mojo la cara e incluso me ducho otra vez, hago que leo un libro o busco algo aburrido en la tele, pero ni por esas. Todo da igual, y si acaso duermo algo hasta el sueño es cansado, y no me despierto en paz y descansada. Hasta parece que siento el runrún de mis pensamientos girando frenéticamente alimentados con más energía por el calor como agua hirviendo

En otros momentos, cuando siento que no va a llegar el sueño, arrastrando las preocupaciones del día, la estupidez del mundo, o el enésimo gilipollas (me gusta hablar bien, con propiedad y sin malas palabras, que decía mi madre, pero qué bien me sienta soltar alguna cuando es la más apropiada) al que no debería haber hablado nunca, no hay nada como un buen meneo en el coño y extasiada caer en un profundo y placentero sueño. Primero un baño antes de irme a la cama, para limpiarme y sentir todo el cuerpo, lo enjabono y lo acaricio, hasta hacerme de nuevo consciente de todo mi cuerpo. Secarme después frente al espejo y sentirme hermosa y deseada, sensual como me repite mi escribano, y no le falta razón, este cuerpo rebosa sensualidad y más aún cuando unas manos lo recorren. Mis manos en este momento, las que mejor lo conocen. Y así desnuda frente al espejo, embadurnarme de body milk, mi particular leche de burra, repartirla por todo mi cuerpo, sentir la suavidad en mis propias manos lubricadas por la crema, el cuello, los hombros, los brazos, las piernas: subo desde el tobillo, la pantorrilla, torneando los muslos hasta las caderas y las ingles, hasta que se absorbe toda la crema y siento la piel tersa y suave, el culo, el vientre, relleno cualquier estría real o imaginaria, como si pudiera borrarla, sigo por el pecho, las tetas, las unto bien con mucha crema, las acaricio, las agarro, las exprimo, las sobo, las aprieto entre mis manos, como si fueran las manos de otro. Y siento mis pezones endurecerse, los acaricio entre mis dedos, los aprieto. Bajo entonces una mano hasta sentir la suavidad de mi pubis, recién depilado, mientras noto como se va mojando mi coño por dentro sin haberlo rozado todavía. Entonces me dejo caer en mi cama, y dejo sentir en mis dedos toda la humedad del coño, lo froto, lo acaricio, meto uno, dos dedos, y al sentir mi clítoris durito y excitado, mi pepita de oro, lo froto entre mis dedos untados de mis propios fluidos. ¡Qué sensación! Y cuando me siento bien mojada y lubricada por dentro, me lleno el coño con mi polla violeta, la amiga que nunca me falla, y no dejo de frotarme con la otra mano hasta que siento mi coño derretirse y me tiemblan las piernas, hasta que no me quedan fuerzas para seguirme tocando. ¿Existirá algún hombre capaz de follarme y hacerme sentir tan bien como lo hago yo? Si lo hay, todavía no lo he encontrado. Entonces, extasiada y casi sin fuerzas, cierro los ojos, dejo fluir mi cuerpo, me voy olvidando de él, me olvido del mundo a mi alrededor y me quedo profundamente dormida.
Pero hoy no, esta semana no, este calor, y la espinita con su jode jode viene y va, hasta me quitan las ganas de darme un gusto al cuerpo.

No podía imaginar cuando al acostarme el calor me aplastó contra la cama que esta noche sería distinta. Algo cambió en mitad de la noche. Llegó como el viento salvador que rescata a un balandro atrapado en una interminable encalmada. Se atemperó el calor, se levantó una brisa que fue barriendo el sopor que lo invadía todo, limpió el aire, el cielo y hasta limpió mi mente. Hasta siento que hizo desaparecer la espinita, o al menos apaciguó su jode jode por un rato. Y me quedé profundamente dormida. Menos mal que hoy no trabajo, pues era tanta la necesidad que tenía de dormir, de dormir bien, que he dormido toda la noche y casi toda la mañana de un tirón.
Ahora, con la placidez de sentir cuerpo y mente descansados, me estiro en la cama, siento mis músculos estirarse, mi cuerpo renovado, estiro y luego acaricio el cuello con mis manos, los brazos, las piernas. Y noto como las sábanas arrugadas han dejado marcado el muslo izquierdo, más rayas, como si no tuviera bastantes, al menos estas desaparecen. Me siento tan a gusto que he decidido hacerme algunas fotos para el blog, para el blog y para mí, en realidad para mí, ya veré si al final subo alguna. Hoy a la fuerza tienen que salir perfectas. Lo único, pienso, voy a cambiar el ángulo habitual para que no salgan las marcas de las sábanas en la pierna. ¡Al carajo! El ángulo bueno y que luego cuando la vea recuerde lo bien que he dormido hoy. Busco el móvil en al mesilla, y antes de subir la persiana para ajustar la luz y empezar mi particular sesión echo un ojo rápido a las notificaciones de mi yo Brujita, mi pequeño mundo privado. El mundo oficial lo dejo para después de comer. Los nuevos seguidores, pocos esta semana, los "me gusta" habituales, y hoy me sorprende un mensaje de mi escribano particular, me envía un correo. No puedo resistirme a esperar, y aparco por unos minutos las fotos para ver que me ha escrito esta vez. No es un Gabo, ya quisiera él, ni ningún mago de las palabras, sin embargo, no sé cómo lo consigue, pues apenas conoce nada de mí, pero siento que siempre me conmueve: o me toca la fibra sensible en la que me siento retratada, o me dispara la libido, me excita, a veces las dos cosas. Es verdad que apareció en un momento en que me sentía frágil y casi cualquiera me podía haber conmovido, pero este "cabrón" sigue insistiendo, con su particular estilo y su tempo tan irregular, y sigue acertando siempre. Aunque parte del mérito tendré que adjudicármelo, que bien que le lubrico la inspiración.

Termino de leer. ¡Uuff! Tengo mi mano izquierda dentro de las bragas, y me siento el coño hinchado y mojado. Saco la mano y me llevo dos dedos mojados a la boca, los chupo, saboreo el fruto de mi excitación y la vuelvo a llevar al coño que me está pidiendo más. Bajo la vista y veo los pezones marcados contra la tela del camisón, dejo caer el móvil que ya no me sirve de nada y acaricio con mi mano derecha las tetas sobre el camisón, siento los pezones ardiendo, y después la llevo sobre las bragas encima de la mano izquierda. Y la aprieto contra mi coño, la hago golpear como un pequeño ariete contra mi pepita de oro, mi clítoris inflamado, y busco con los dedos dentro de mi coño mi punto más débil. Cierro mis piernas, me hago un ovillo, y sigo presionando con ambas manos. Muerdo mis labios hasta que no puedo más y entre espasmos dejo escapar una ristra de gemidos, y aullidos que asustan al pobre gato. Me quedo tumbada, estirada, una mano todavía bajo las bragas, y sacudida todavía por pequeños espasmos. Otra vez a poner sábanas limpias, pienso. Me corrijo y lo borro, estúpido pensamiento para este momento.

Después de ducharme contesto a mi escribano: "Me encanta", le doy las gracias y pego besos y corazones. Presiento que le hacen ilusión y eso que no sabe cómo he terminado, nunca se lo he confesado. ¿Se lo imaginará? Yo tampoco sé nada de él y todavía no me atrevo ni a contarle mucho más de mí, ni a preguntarle nada sobre él. Me intriga, mucho sí, pero tampoco quiero romper el encanto de este misterio, ya veré.
Más tarde le enviaré una foto de las que me haga ahora, me haré una especial para él y su inspiración.

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-- Tentación --
Publicado en:22 Julio 2020 1:36 am
Última actualización en:4 Agosto 2020 5:27 pm
915 vistas

-- Tentación --

Reviso tus fotos, algunas de las que tienes publicadas en tu blog pero sobre todo las que me has enviado que siento como si sólo las hubieras hecho para mí y nadie más, salvo tú y yo, fuera a verlas. Y es tentador y fascinante a un mismo tiempo.

Fascinante porque la belleza y sensualidad de tus fotos, profundamente personales, una cara de tu yo más íntimo, la belleza y sensualidad de tus fotos atrapa. Como le atraparía a uno una constrictora que se enreda en el cuerpo de su presa sin posibilidad de escape, y en ese momento no hay más mundo que el que existe en esos cuerpos que se van fundiendo en uno.

Fascina y atrapa la verdad de tu sonrisa, porque se siente una sonrisa que sale desde dentro y con esa verdad íntima e interior ilumina tu rostro, y también ilumina y baña de optimismo a quien la recibe. Como fascinante es la luz que baña tu cuerpo y tu piel, creando juegos de luces y sombras que a un mismo tiempo te hacen más divina y más humana. Luz, luces, que te aporta un brillo y un halo de divinidad hasta hacerte perfecta e inalcanzable cual divina Venus retratada. Las sombras te llenan de realidad, de carnalidad, dibujan líneas y volúmenes, formas y texturas, que resaltan tu terrenidad y tu femineidad. Y de pronto, la intensidad de tu mirada, misteriosa y huidiza como exige el entorno, pero un regalo cada vez que se descubre un matiz. Un regalo que muestra a una mujer real, tal cual es, tan sencilla y tan compleja, consciente de sí misma, dispuesta a quererse y ser querida, a ser admirada.

Y tentador. En la carnalidad de tus labios, esos mismos que conforman fascinantes sonrisas, pero son capaces de los más tentadores besos, esos labios que se entreabren y mordisqueas pícaramente como una llamada a la rebelión, que esconden una lengua que espera su momento para ser protagonista, o sellan suaves mordiscos.

Siempre tentador, porque mientras recorro tus imágenes casi puedo sentir la dulce tentación del contacto de tu piel, del roce de tus labios, de sentir tu mirada sobre mí y de captar en mi mirada, y retener en mi mente, cada detalle de tu cuerpo. La tentación de ir desnudando tu cuerpo, retirar cada capa de tela, que sientas como se desliza sobre tu piel mientras resbala y cae al suelo, y como un antiguo fotógrafo bajo la luz roja ir revelando poco a poco los detalles de tu cuerpo, hasta mostrarlos a la luz y a mis ojos. Así hasta que la única prenda sobre tu cuerpo sea tu collar de cuero y tirando de la argolla te atraiga hasta mí. Y caer en la dulce tentación del sabor de tus besos y de tu cuerpo, del olor de tu cuerpo, una suave y dulce fragancia recién salida de tu bañera, que se transforma en intensa y pasional cuando tu cuerpo estalla fruto del deseo y destila sus esencias más íntimas e intensas. Igual que una flor coquetea con sus aromas para ser polinizada, se abre tu flor y derrama sus aromas y su néctar. Y bulle tu cuerpo, transpira, y se perla de gotas de esencias.

Tentadora y fascinante. Siempre.
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-- Noche de Verano --
Publicado en:8 Julio 2020 1:51 am
Última actualización en:17 Agosto 2020 9:31 am
946 vistas

-- Noche de Verano --

La tarde de lluvia arrancó intensa pero resultó muy corta, demasiado corta, y en lugar de traer como en tardes anteriores un frescor que aliviara el descanso nocturno, tuvo ese efecto perverso de incrementar la humedad del aire y brindarnos con una insoportable noche de calor húmedo, ese calor que se pega a la piel, a la cara, como un pedazo de tela mojado en agua tibia y produce una terrible inapetencia y sopor que te deja sin fuerzas. En tu caso, ese sopor no se traducía en una llamada al sueño sino justo todo lo contrario: una rebelión en forma de indoloro pero mentalmente agotador insomnio.

Optaste por quedarte recostada en el sofá, casi abandonada de ti misma, y ver si encontrabas alguna forma de burlar ese hechizo que te había conjurado a una noche en vela. Primero con la táctica pasiva de la televisión y una interminable sucesión de capítulos de una serie de moda. Después, intentando centrarte en la lectura de una novela que te había recomendado con mucha pasión una de tus amigas pero cuya trama no terminaba de cuajar y ni te atrapaba para sacarte del letargo de inapetencia, ni te aburría lo suficiente como para arrastrarte a los brazos de Morfeo, aunque fuera sobre el sofá. Todavía con la duda de si era mejor cambiar de asesora literaria, como amiga todavía merecía la pena conservarla, o simplemente abandonar la novela, cambiaste la estrategia y te fuiste a recostar a la cama. Eso sí, antes de ir a tu dormitorio recorriste toda la casa para apagar luces y cerciorarte que las ventanas estuvieran bien cerradas, mientras pensabas que quizás un buen orgasmo que te dejara exhausta y complacida podría ser el mejor remedio para llevarte después al sueño, sin embargo esa noche ni siquiera el deseo llamaba a tu mente ni a tu cuerpo.

Al entrar, dejaste un vaso de agua sobre la mesilla y lo cambiaste por el móvil para darle una repaso a las posibles novedades de las redes sociales. Recostada de medio lado ibas deslizando el dedo con desgana sobre la pantalla sin que nada captara demasiado tu atención. Apagaste la luz, te recostaste boca arriba sobre las sábanas y cerraste los ojos, no sin cierta desgana, tratando de convencer al sueño de que era su hora aunque solo fuera por la fuerza de la costumbre. Apenas habías apagado la luz cuando llegó un aviso al teléfono. En otra ocasión lo habrías ignorado, incluso no lo habrías escuchado en lo más profundo de tus sueños, pero esta noche cualquier cosa podría traer un consuelo a la insomne desvelada. Era un correo de tu estimado gachupín que respondía a tu última foto con otra de esas historias que tanto te hacían sentir. Historias que te insuflaban de vitalidad y nuevas perspectivas cada vez que llegaba un correo con una nueva historia, o simplemente intercambiando intensos mensajes en el chat de la plataforma donde tu subías tus fotos, y el comenzó a escribirte un día. Cómo en otras ocasiones unas formales y agradables palabras de presentación en el correo, y un adjunto con la historia. En ocasiones te preguntabas si realmente serían el mismo, el hombre formal que redactaba los correos y te imaginabas con traje y corbata y que todavía te preguntabas porque te escribía a ti personalmente aquellas historias, y el hombre que con apasionadas y voluptuosas palabras desataba y encendía tu deseo como hacía mucho tiempo que no sentías que pasaba, y que tu imaginación en ocasiones dibujaba desnudo frente al teclado.

Prendiste la luz y te concentraste en la lectura:
Los primeros párrafos te atraparon en un pensamiento triste, te hizo recordar un tiempo pasado, un tiempo perdido. De pronto te sentiste desgraciada e incluso una lagrima escapó y escurrió por tu mejilla, hasta sentir el sabor salado en tus labios. Qué tenía este tipo que te hacía conectar en sus historias con tu propia historia. Ciertamente le habías compartido algunas confesiones sobre tu vida y tenía de donde copiar, pero más que la historia en sí era la forma en que hacía sentir a la protagonista, que eras tu misma, las que conectaba con tu propio sentimiento y pensamiento. Con el corazón encogido y los ojos deseosos de hacer brotar más lágrimas para calmar el alma, envuelta en un ovillo, seguiste con la lectura. La historia daba un giro para mostrar el deseo vivo y vívido de sus protagonista, ella y él, tu y él. Un deseo que llenaba mente, alma y cuerpo, encendía los cuerpos de los protagonistas, los hacía sentir y necesitarse como si nunca antes hubieran sentido un deseo parecido, y ese deseo se plasmaba en el roce de la piel contra la piel, el tacto del cuerpo del otro en los propios dedos, el tacto de los dedos del otro sobre el propio cuerpo, de los dedos y de la boca, los labios y la lengua. El sabor de los cuerpos destilándose en el deseo propio y ajeno. La intensidad de ese deseo y las sensaciones descritas se trasladaban a tu propio cuerpo sintiéndote protagonista de tu propio retrato. El calor de tu cuerpo subía igual que lo hacía la narración, y sentías el deseo de tu cuerpo de ser llenando por el otro.

Cuando terminaste la lectura, las sábanas estaban empapadas, de lágrimas de tus ojos, del sudor de tu cuerpo y del flujo que se había derramado entre tus piernas. Sentías las gotas de sudor perlando todo tu cuerpo, sobre tus pechos y tus piernas, y entre tus piernas fluía un hilo constante y espeso que con tus dedos llevaste a tu boca para saborearte. Henchida de deseo, dejaste hacer a tus manos bajo el camisón empapado que arrancaste hasta quedarte completamente desnuda, sentiste tus pechos hinchados y los pezones protagonizando tu excitación, sentiste tu sexo profundamente húmedo, empapado, necesitado de ser penetrado, tu clítoris inflamado clamando por el roce. Y dejaste hacer a tus manos y sentir a tu cuerpo, sin límites, hasta escapar del hastío, el sopor, y hasta de ti misma.

Cuando tu cuerpo dejó derramar todas sus esencias, te quedaste tumbada con los ojos cerrados, sin fuerzas pero llena de plenitud.

No fue hasta la mañana siguiente, ya muy tarde porque al final el sueño fue profundo, descansado y placentero, cuando le contestaste con un rápido mensaje: "Una vez más me has conmovido. Me has retratado en mi vida y me has hecho llorar, y luego has descrito una fantasía que me ha mojado toda. Tal pareciera que me la hayas robado de mi diario. Gracias, gracias por hacerme sentir". Al salir de la ducha, sintiéndote fresca y renovada, hermosa y deseada, te hiciste una única foto, desnuda, sin filtros, con la mirada profunda en el objetivo que inmediatamente enviaste a tu escritor personal, con el placer de pagar una deuda y esperando su respuesta.

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-- Tardes de Lluvia --
Publicado en:30 Junio 2020 2:45 am
Última actualización en:3 Julio 2020 10:26 am
910 vistas

-- Tardes de Lluvia --

Aunque sin movimiento, o quizás alimentado por ello, la mañana ha sido aletargante provocando un estado de desazón y pesadumbre hasta casi la extenuación. El obligado y preventivo encierro acompañado de la furia de Tonatiuh que desde el romper del alba ha estado descargando furioso sus rayos recalentando aún más esta mañana de verano, han traído este estado que no perdona a nadie, y hasta el gato yace cansino tumbado sobre las losetas donde nunca entra la luz y permanecen unos grados mas frías. Y poco se ha podido hacer por amortiguar toda esa pesadumbre matinal, en mi caso porque las obligaciones no me han dejado llegar hasta esta hora. Y es que mi visita es el único quebranto de la estricta norma que te permites, ya que incluso a tus hijos apenas les dejas cruzar el umbral del recibidor en la preceptiva visita semanal. La llegada de Tlaloc con su ejercito de nubes negras se recibe es estas tardes con alegría inusitada, aunque roban la alegría de la luz del sol no provocan la sensación de depresión que se da en el periodo invernal, sino que en estas fechas se reciben como la bendición que apacigua la furia con que nos castiga Tonatiuh y hasta devuelve la vida al gato que en un rato volverá a merodear por toda la casa.

Al abrir la puerta pareces vestida únicamente con tu camisón blanco, descalza, y con el cabello ligeramente enmarañado, y es que la pesadumbre del día no ha dado más que para resistir las horas hasta este nuevo despertar vespertino. Cuando llego todavía no ha comenzado a llover pero el sol ya ha quedado oculto; sin embargo, apenas termino de cruzar el umbral cuando se desata la furia del dios de la lluvia. Un potente trueno abre en dos el cielo, y como si fuera el pistoletazo de salida de una competición las gotas de lluvia se precipitan a toda velocidad para repiquetear en pequeños estallidos contra el duro suelo o el tejado, y forman una melodía sincopada con esas otras que amortiguan su caída contra las hojas de árboles y plantas.

Un momento después ya sientes el olor a tierra mojada, "petricor" me recuerdas siempre, y como si fuera la fuente del elixir de la vida, corres a abrir las puertas que dan al pequeño jardín para que la fragancia inunde toda la casa. Abres las puertas de par en par, sales al porche e inspiras profundamente. Las gotas, tantas y tan pesadas, se golpean con tanta fuerza al caer que salpican exageradamente y empapan tus pies que se sienten aliviados con el frescor, y ese mismo frescor que llena tus pulmones y sientes subir por tu piel te llena de la energía perdida. Y sales del refugio del porche hasta el centro del jardín, tus pies pisando los charcos que se han formado en apenas un minuto, giras sobre ti misma mirando al cielo y dejas que la lluvia moje tu cara, tu cabello, todo tu cuerpo.

Todavía en el umbral de la puerta que da al jardín, ya me conoces conservando mi pulcritud, te contemplo enredándote en tu baile liberador y regenerador, reina de tu jardín y la lluvia, cual Coyoxahulqui reinando en las noches. Y veo como las gotas de lluvia se integran contigo y pasan a formar parte de una tú renovada. Resbalan por tu cara que ahora brilla iluminada, empapan tu cabello que ha apaciguado la revolución con que me había recibido y resplandece en su brillo taxqueño, y desintegran tu camisón que pegado a tu piel se ha vuelto transparente. Hipnotizado por tu visión como danzante derviche bajo la lluvia, por las curvas de tu cuerpo redefiniéndose por la tela empapada que se ciñe forzosamente a tu piel, por tu piel que resplandece bajo la transparencia de la tela, tiene que ser tu voz la que me devuelva a la realidad y me haga responder a tu llamada. Me resisto, me resisto a mojarme, pero no me puedo resistir a ti, y menos a una petición acompañada de una sonrisa tan cargada de vida. Antes de salir me descalzo y me quito los pantalones, ya sabías que no podía ser de otra forma, y avanzo hasta tí hundiendo mis pies en la hierba mojada, sintiéndome empapar a cada paso.

Siento tu mano en mi pecho, sobre la camisa empapada, y tiras de ella hacia ti hasta que nuestros labios sienten el calor del otro y se unen en un intenso beso. Un beso intensamente sensual, intensamente sexual. De tal intensidad que como la luna hace con las mareas impulsa la atracción entre nuestros cuerpos y los arrastra uno contra otro. Tomas mi mano y la llevas a tus pechos, para que sienta la turgencia provocada por la energía y excitación que inunda tu cuerpo, tus pezones más hinchados y oscuros que nunca recortan su perfil contra la tela que los envuelve, y tu otra mano busca entre mis piernas la turgencia de mi sexo. La tarde desaparecerá bajo la lluvia, se perderá mezclada con el cóctel que formará junto con la dulce saliva de los profundos besos, el agridulce néctar fruto de tu placer más intenso, el sudor salino que cubrirá nuestra piel y la espesa vía láctea que arrancarás de mi cuerpo...
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-- ¡Oh! --
Publicado en:19 Junio 2020 11:51 am
Última actualización en:14 Julio 2020 1:29 am
862 vistas

-- ¡Oh! --

La radiante palidez de tu piel, un fulgor que cada vez que se hace presente inunda mis ojos y mi mente, como hace el brillo infinito del blanco en el ártico, ese blanco de nieve de innumerables tonos y nombres para los inuit, y que no todos los ojos son capaces de apreciar en sus infinitos matices y aparente simple geometría. Como infinitos son los matices de curvilínea geometría, de sensualidad, de dulzura, de pasión y deseo que desprende en su refulgir tu cuerpo.

Frente a la radiante palidez de tu piel el contraste siempre destacado del color. Color en tu cabello y en tus labios: el cabello en un aparente segundo plano con su doble juego, ora un velo misterioso, ora un marco que centra y atrae la mirada del observador sobre tu rostro, y siempre protagonista en el retrato que ha fijado mi mente.

Los labios, siempre seductores, protagonistas de una cautivadora sonrisa, de color rojo Vespa, llamativo y picante como un aguijonazo. Labios que se unen y fruncen para el más intenso de los besos, o dejarse mordisquear pícaramente, preludio del más intenso deseo. Labios que enmarcan la entrada a esa boca que me llama, que me busca. Boca que deseo besar y me quiero comer, boca por la que me dejo besar, y chupar y saborear, y comer. ¡Oh! Boca que me arrastra en un delirio de placer hasta estallar y derramarme dentro de ella, y entonces se cierra sobre mi, aun más, para impregnarse de toda esa intensidad derramada.

Y todo tu cuerpo se eriza, y palpita, así lo siento en las yemas de mis dedos, y se ve envuelto en una ola de deseo que le hace buscar un segundo estallido esta vez sólo para él.
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